Ideas culeras: todos mis problemas en una tarde

Ideas culeras: todos mis problemas en una tarde

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No es tan tarde. Estás en tu cuarto, acostado, viendo a través de la ventana ese cielo que se muestra con algunas nubes dispersas: despejado. Ese cielo que siempre es engañoso y que, si ahorita está resplandeciente, en cualquier momento puede cerrarse en un color gris que alerta. Lluvia.

No es tan tarde pero piensas en los sucesos recientes: la separación con la (ex)pareja, el ingreso al c urso que te demanda madrugar, la falta de coito, el premio de Valeria Luiselli, la rola de San Miguel (Gusana Ciega), las latas de Cubaraima, los amigos de los que dudas, los Pumas arriba en la tabla, las ganas de amanecer en el bosque.

 Tratas de ordenar las ideas: ¿Cuál me afecta más? Partiendo de que todas lo hacen. Bien o mal, afectan.

Puede que la peor sea la idea de ella, la idea que ya no está en función de ti. Pero lo quisiste así; elegiste quererte más que querer. Y es que esos días previos a la ruptura los pasabas pensando que cualquier actividad se sometería a sospecha, a duda, a reclamo… ¿Dudabas de ti? Sí. ¿Dudaban de ti? Desde antes, te lo dijeron. Entonces, ¿por qué explicar todo si ya no te creían?

Tal vez por la costumbre: mantener ideas y acuerdos que ya no eran recíprocos.  Pero ese “Te amo” convertido en “Eres una mierda” – solo por quererte ir a casa, tirarte en cama, cerrar los ojos, descansar pronto – fue la cachetada que te hizo abrir los ojos. Y luego adiós, y luego todas las cosas que indirectamente –a través de twitter – pusieron contra ti, y luego esas llamadas de madrugada que no querías responder, y luego el silencio. Todo pasó tan rápido. Ya estás mejor.

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Sí, lo sentiste y sufriste, pero crees que un “te amo” no debe terminar en la taza del baño. Qué barato y estúpido es desquitarse por dónde (crees que) nadie te ve.

Las nubes empiezan a juntarse pero el cielo sigue azul.

También madrugar está resultando difícil: tenías años sin abrir los ojos antes de las seis de la mañana. Pero no es tan grave si ves el contexto: es la realidad de la mayoría, amanecer antes de que el sol salga… Ironía pensar que tenemos que estar listos antes que el día. En tu mundo dictatorial nadie podría ganarle a Tonatiuh-Apolo.

Llegando a la idea del coito piensas que es la mayor afección: de una frecuencia casi diaria pasar a la negación del sudor corporal. Es como ser carnívoro de nacimiento y naufragar en la isla Liliput vegetariana.  Abriste Tinder pero a los dos días te dio hueva. Los encuentros casuales de antaño ya tienen hijos o pareja. Éste es el verdadero problema. Y es que el rollito de salir dos o tres veces para encauzarse al hotel te da hueva. ¡Quieres iniciar las charlas diciendo “¡Vamos al Centra2!”.

Luiselli, qué talentosa-hermosa: envidias a Enrigue. Los Pumas, qué bien: ojalá no se ponchen contra el América. Ya no suena La Gusana (¿Por qué sonaba? El reproductor automático) sino División Minúscula: “Oye nena estoy cansado y aburrido de este lugar…”. Es el sonido de la época en que con menos de quinientos pesos ibas al Vive Latino. El sonido que dedicabas a toda aquella persona con potencial de tontear, besarse, follar y dejarse de hablar.

El cielo se cierra, las latas siguen ahí. Pero, ¿en qué momento las Cubaraimas (lata de ron Bairaima y cola) pasaron de costar 7 pesos a 19? El capitalismo rapaz. Te preguntas: “¿Ésta es la cuarta transformación (etílica)?”. Todo es culpa del sistema. Las que no suben son las de Cabrito Mix. Concluyes parafraseando a Berman: todo lo etílico (de calidad) se desvanece en el Oxxo.

Y esa idea de amistad: ¿Qué es un amigo real? ¿Hay un concepto general de amistad? Da igual, nadie es completamente sincero. O tal vez sí, pero nadie completamente sincero diría que lo es.  ¿Un amigo está en función de lo que puedes hacer por él? Eso crees.

El bosque. Allí parece que el cielo siempre es igual. No como ahora que ya no hay espacio entre las nubes.  Piensas en acampar, lo quieres hacer. Recuerdas a la mujer que te dijo que eras así, lleno de árboles: “Nunca estás seguro de qué habrá pero, por su naturaleza, todo saldrá o muy bien (como Blancanieves) o muy mal (como La Bruja de Blair), nunca medias tintas”. Las ramas son para nidos y para rasguñar.

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Empieza a llover. Nada va bien pero así es como va todo, esa frase se la leíste a Ernest Vail. Más gente debería leerlo. Más gente debería hacer todo lo que quieres. Pero eso es egoísmo. O estupidez. O algo ideal. Tus pensamientos se diluyen al destapar otro envase. “Me tomé una pastilla, me juraron que haría olvidarme que no estás aquí…”. ¿Todo lo que dicen las canciones será cierto? ¿Javier Blake se intoxicó para olvidar a una morra? Hay tantas cosas por saber. Necesitas coger pronto. Pero igual te haría feliz que los Pumas no se quedarán en cuartos de final. Lo primero que pase está bien, así la lluvia pasaría a segundo plano. Pero… mejor follar.

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sobre el autor

Yair Hernández

Yair Hernández Cárdenas (Ciudad de México, 1994) es estudiante de la escuela de periodismo Carlos Septién García. Colabora en Nexos, Noisey (VICE) y Yaconic. Fue gestor del colectivo musical Aquí No Hubo Escena.

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