El fútbol como entorno contracultural en Latinoamérica: Un terreno cedido.

El fútbol como entorno contracultural en Latinoamérica: Un terreno cedido.

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Los estereotipos son elementos nocivos para la evolución cultural. Distorsionan los rasgos esenciales de la cultura, generalizan gustos, prácticas y comportamientos. Son etiquetas malogradas que impone la cultura dominante global, sobre todo al referirnos a regiones y países en específico. Tal es el caso de Latinoamérica. ¿No les ha pasado que cuando conoces a alguien que no es latinoamericano, ésa persona da por hecho que debemos comportarnos como “latinos”? En efecto, comprendo lo que ellos creen que debe de ser un latino; se pude ver a través del ojo del otro ya que el mainstream es un lente bifocal y bidireccional. Aunque, el mainstream, por ser aspiracional, nos deja ver únicamente lo que hay hasta arriba. Y, díganme, ¿Les gusta cuando su cerveza es mal servida y prácticamente es espuma y nulo o escaso líquido? A mí, no.

Además de toda la ola de música pop que retoma ritmos latinos y que se insertan en los top charts de prácticamente cualquier parte del mundo, cuyos videos musicales muestran imágenes paradisiacas, hombres y mujeres sensuales, bailes provocativos, poca ropa y lujos que son inaccesibles a la gran mayoría latinoamericana, dan lugar a que se nos considere como seres intensos. Por lo menos, además de esas intensas fantasías, se reconoce a nivel mundial la intensidad con que se vive el fútbol en esta parte del planeta. Una pasión que se vive singularmente y que ha servido no solamente como objeto de admiración sino de inspiración para los amantes del fútbol en el mundo.

A pesar de que el fútbol forma parte del mainstream cultural y comercial, incluso se piensa de él que sea una especie de enajenación de masas. A lo cual, yo mismo he llegado a concluir que el fútbol como espectáculo televisivo lo convierte en la telenovela del macho. Ese espectáculo es un cóctel de drama, intensidad, aspiraciones y la búsqueda constante de glorias, cada vez más carentes en un entorno socioeconómico desolador y decadente. Así, el fútbol que sirve como vitrina para comercializar un sinfín de bienes y servicios, también sirve como escaparate contracultural. Esto no es exclusivo de Latinoamérica, basta con echar un vistazo a los Hooligans y Ultras, sus formas de hablar, de vestir, de rebelarse ante el sistema o ante alguna corriente política e ideológica. En el caso latinoamericano, si bien existen rasgos comunes con aquellos personajes, son más notorios e importantes los estandartes. El cotillón futbolístico en esta región es un espectáculo aparte, al grado que países cuya sumisión al mercado es mayor, como México, decidió prohibirlo pues los trapos y banderas opacaban a las vallas publicitarias.

En ese sentido, la tendencia a privatizar el fútbol no solamente impacta en lo económico sino en lo cultural. Los estadios dejan de ser puntos de encuentro para convertirse en centros comerciales. Su transmisión cada vez es más cerrada, como sucede en Argentina y su irónico “Fútbol para todos”. El hincha parece una especie cuyo hábitat se ve amenazado por la plaga de consumidores y por depredadores violentos que viven del equipo y no para el equipo. Una práctica que evidencia la falta de empatía con dirigentes hacia el hincha -y en muchos casos, socio- del club. Una muestra de la ineficacia social en términos democráticos.

Los terrenos cedidos a las corporaciones no solamente son físicos. Por citar un ejemplo, San Lorenzo de Almagro, club icónico de toda la república Argentina, del cual el Papa Francisco es hincha, por cierto, es objeto de burlas debido a que su Predio fue adquirido por una cadena francesa de Supermercados. Para colmo, comparten los mismos colores. Los hinchas de equipos rivales ironizan esa situación sumado a que, a diferencia del resto, San Lorenzo fue víctima de la gentrificación prematura de Buenos Aires lo cual lo orilló a ser algo parecido a un migrante interno.

Siguiendo con San Lorenzo, su hinchada es fiel a pesar de todo. Hoy por hoy, esa hinchada ha captado la atención de hinchas de todas partes del mundo así como de los medios deportivos principales ya que con suma celeridad han adaptado los éxitos “latinos” más recientes, principalmente temas de Reggaetón y afines. No son los únicos ya que esa tendencia parece propagarse por el mundo futbolístico latinoamericano, sin embargo, noto que esa tendencia refleja lo superficial de los éxitos musicales actuales, pues si bien sus tonadas son básicas y permiten la fácil memorización de la letra, no transmiten una pasión más profunda como se advierte en cánticos basados en géneros más arraigados a la verdadera esencia cultural de Latinoamérica, en términos futbolísticos.

En efecto, es más fácil cantar una canción que se escucha repetidas veces en la radio, tv e internet. Pero su efecto es efímero. Parece que los tiempos en que las barras se inspiraban en Bersuit, Los Fabulosos Cadillacs, Los Auténticos Decadentes y otros exponentes que hacían un maridaje perfecto con el fútbol van a pasar a la historia, a una época que terminó hace una década, por lo menos. El fútbol ha cambiado mucho desde entonces y cada vez es más caro pero cada vez se convierte más en un culto corporativo y no en un espacio contracultural para afianzar nuestra identidad como latinos y no como ornamentos de un video musical de Enrique Iglesias.

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Pedro Villaurrutia

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