Cambio de piel

Cambio de piel

Alejandro Moreno (2018), El cambio electoral. Votantes, encuestas y democracia en México, México: Fondo de Cultura Económica, 259 pp.

 

Jesús Alejandro Moreno Álvarez, distinguido politólogo de la Universidad de Michigan, mejor conocido como el arquitecto de las encuestas del Grupo Reforma, tuvo a bien sacar a la luz un texto que indaga en las diferentes manifestaciones del cambio electoral que se ha venido experimentando a partir de la alternancia del poder en México (1997-2018). Una alternancia que para algunos significaba la travesía y consolidación de la democracia y para otros significó décadas de administración del status quo a través del régimen de los partidos políticos.

El cambio electoral que analiza Alejandro Moreno, el cual abarca la observación de las elecciones presidenciales desde 1988 al 2012, como también las intermedias de 1991 al 2015; visualiza el paulatino desalineamiento partidario, donde cada vez son menos los miembros activos de los institutos políticos, en especial cuando se precipitan las derrotas electorales. Otra de las variantes analizadas es la que se desprende del debilitamiento del voto efectivo a favor de determinado instituto político, la caída de la disciplina partidaria, la cual se ha puesto de manifiesto en el transfuguismo de la militancia, así como la transición generacional sufrida en el seno de los partidos, la cual ha tenido efectos en el ideario político y la estructura.

De tal manera, en el mismo periodo de estudio, se pueden observar el compromiso ideológico que se tenía con los órganos políticos durante los años ochenta y noventa; mientras para los primeros años del siglo se presentó el fenómeno de la polarización ideológica (fácilmente reconocible durante el año 2006); para consecuentemente, presentarse cabios en el espacio ideológico, en donde se perfila más el rol ideológico en la tendencia de los votantes que su fidelidad a cualquier marca política.

Por el lado de la comunicación política, el análisis del politólogo mexicano se concentra en la observación de cómo la brecha digital se ha venido aminorando a lo largo de los años, como también registra la polarización de las redes sociales en la elección presidencial del año 2006 y 2012, así como la generación de opinión pública en las redes y las diferentes iniciativas (sondeos, levantamiento de firmas, convocatorias), las cuales han demostrado su eficacia y ductibilidad.

Por último, como segunda parte del libro, haciendo gala de un conocimiento vasto en temas demoscópicos, Alejandro Moreno hace un ejercicio de memoria sobre los orígenes de las encuestas desde Galllup hasta las crisis que ha vivido la disciplina con los errores en las encuestas presidenciales de 2012 y las presidenciales de Estados Unidos en el año 2016. Es de destacar el análisis estadístico donde deja traslucir el grado de acierto de las encuestas en México, sus paradojas, así como algunos momentos especialmente polémicos que los diferentes encuestadores en México han protagonizado.

La reflexión de Moreno no decepciona al advertir que “la democracia como concepto requiere una profunda reflexión” y, abunda:

“Los gobiernos que marcaron la alternancia y el cambio democrático, tanto en México como en otros países latinoamericanos, pregonaron la democracia como una fórmula con la cual resolver los problemas: ‘con la democracia se come’, anunciaría el presidente argentino Raúl Alfonsín a principios de la década de 1980. En México, el presidente Fox haría eco de creencias similares, señalando a la democracia como la solución a los problemas y no como una serie de factores de empoderamiento ciudadano. Esa visión parece estar equivocada. El historiador John Dunn se refiere a ello como el hechizo o encanto de la democracia, el cual debe ser roto para poder valorar mejor ese sistema de gobierno. La democracia no es sinónimo de buen gobierno, diría Dunn, y la democracia tampoco produce gobiernos responsables, dirían los distinguidos politólogos Achen y Bartles. Quizás estas concepciones han contribuido a un creciente desencanto y frustración pública con la democracia, en especial entre las generaciones jóvenes de ciudadanos. El desencanto con la democracia puede ser visto como una señal de desconsolidación, pero también como una oportunidad para mejorar ese sistema de gobierno, comenzando por su conceptualización”.

Esto nos provoca la reflexión sobre las tendencias que se asoman en las diferentes democracias, las cuales muestran un malestar con las condiciones que han creado las instituciones políticas predominantes, las cuales han abogado por un tipo de democracia, la cual no ha alcanzado para corregir los problemas estructurales y sustanciales de las comunidades. Hoy más que nunca se necesitan conceptos que busquen los mecanismos políticos que generen sociedades virtuosas y solidarias.

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sobre el autor

Alejandro Heredia

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