Afiche original Grand Theft Auto (1977, Ron Howard).

Roger Corman fue uno de los talentos que Hollywood explotó y sangró hasta no dejar nada, el rey del serie B, el maestro que hacía de la basura oro, las peores películas en éxitos, a los don nadie en estrellas y otras veces en directores, su fórmula o visión fue un cuerno de la abundancia del que la industria se alimentó durante décadas. Ron Howard vivió desde pequeño rodeado de cámaras, su temprano acercamiento a la televisión como actor infantil a mediados de los cincuenta le garantizó la natural absorción de cómo se realizaba una cinta o un show de tv, al llegar a la adolescencia comenzaría a figurar en pequeñas producciones fílmicas como galán, era difícil escalar más arriba, fue Roger Corman quien 1977 le dio la oportunidad de filmar su primera cinta;

“Niño, si lo haces bien, nunca tendrás que volver a trabajar para mi” 

Corman comentó a Howard que tenía un nombre poderoso y con gancho; “Grand Theft Auto” (Gran Robo de Auto) y en la filosofía de Roger un título bueno significa la mitad del éxito, así que le propuso que escribiera un guión para el título, la protagonizará, además de estelarizar otra de sus producciones; “Eat my Dust” (1976), todo esto sin cobrar, y así le daría la oportunidad de dirigir “GTA”. Corman no era ningún inocente, explotador nato que abusó/apoyó a Ron Howard de 23 años a escribir y dirigir su ópera prima. Con un presupuesto menor al millón de dólares la cinta es un baluarte en cuatro ruedas que se estrella en los anales de la cultura popular, una joya del carxpolitation bastante empolvada.

El serie B nunca se caracterizó por sus refinamiento o estética, mucho menos por actuaciones propias de profesionales dramáticos, este cine presentado en las grindhouse —salas que proyectaban películas independientes, de explotación o de dudosa procedencia— se hacía con lo que había, sin embargo este tipo de obras gozaban de un ímpetu inigualable, el cine salía del monopolio del discurso centralizado, los universos expuestos en las cintas de explotación son posiblemente los más fabulosos, descabellados, irresponsables, furiosos, irrespetuosos y socialmente inaceptables, con frecuencia se trataba de producciones horribles y otras tantas brillantes golpes de luz que generaban un culto a su alrededor, algunas se arriesgaban y tocaban temas que el cine comercial no se acercaba ni con pinzas.

Escena Grand Theft Auto (1977, Ron Howard).

GTA de 1977 sale muy bien librada si la posicionamos hoy a más de cuatro décadas, una historia básica, lineal y predecible, eso no significa que durante 90 minutos no disfrutemos de las salvajes secuencias, persecuciones y choques de autos estrellándose a cada instante, destrucción y gente enferma de poder tras el volante; violencia, imprudencia y velocidad.

La historia solo es un pretexto para centrar un auto de lujo —Rolls-Royce Silver Cloud 1959— como el blanco de una persecución iniciada por un hombre millonario con obscenas necesidades de poder y ambición que se verán frustradas por la negación de su hija a seguir su plan de casarse con el imbécil más adinerado de la ciudad, Paula Powers (Nancy Morgan) decide fugarse y cumplir su voluntad que es casarse con su novio Sam Freeman (Ron Howard) un joven ambientalista que a ojos del padre de su novia es un sucio cazafortunas, ambos serán la pareja estrella en esta cacería humana al robar el auto de lujo huyendo con dirección a Las Vegas para unirse en sagrado matrimonio… Para sazonar la trama 50 mil dólares son ofrecidos como recompensa para detener a la pareja, mensaje que es transmitido por la estación de radio local ocasionado que distintos personajes y maniáticos del volante decidan acudir al llamado del dinero fácil, incluyendo a un sacerdote (Hoke Howell) que al escuchar de la recompensa no duda en abandonar a su congregación para robar una patrulla y obtener ese jugoso y bendito dinero. 

Las escenas de persecución son en verdad peligrosas e ilegales, se filmaron en distintas autopistas de Los Ángeles, el clímax es un exquisito derby de demolición, el sueño de cualquier adictx a la adrenalina, bumper cars en su versión más peligrosa y real, autos y más vehículos serán destruidos en pedazos incluyendo el Rolls Royce que se hace mierda y arde en llamas.  

Escena Grand Theft Auto (1977, Ron Howard) .

“El remake como una de las bellas artes; 

El cine imita la vida 

La vida imita a la publicidad

Los videojuegos imitan al cine 

La arqueología de los sueños que rastrea el origen de las ideas que cambiaron o profetizaron el panorama de la explotación del entretenimiento masivo, la llegada de “Grand Theft Auto” a los videojuegos sucedió en 1997 para PC, PlayStation y un par de años después a Game Boy Color y es verdaderamente inspirador que se haya tomado el nombre de la película de Howard del 1977 ya que al igual que la cinta, el juego representaba una total libertad en una ciudad gigantesca donde se persigue el “triunfo de la voluntad” materializar tus impulsos, hacer lo correcto o salir a las calles a delinquir, ¿qué es lo correcto? meterte con civiles y recibir puntos extras, ¿por qué?, porque se puede, el juego lo permite, incluso lo alienta.  Este elemento de violencia cínica, irresponsable y políticamente incorrecta sería un nuevo gesto en la cultura gamer donde se premia todo tipo de delitos como robar, destruir, matar pero principalmente la falta de respeto a la autoridad. 

Publicidad Videojuego Grand Theft Auto (Rockstar Games).

La estrategia de publicidad consistió en encender el fuego de que GTA era excesivamente violento y que fomentaba actividades criminales, siendo la misma productora que lo realizó (DMA Design, después Rockstar North, de la empresa Rockstar Games) facilitaba esta información en distintos comunicados de prensa que exponían negativamente el lanzamiento de su propio juego, su contenido basado en la agresión era el verdadero motivo a difundir, esto causo la atención de medios y distintas figuras políticas que no dudaron en opinar sobre lo terrible e inapropiado de juego, lo que generó una excesiva curiosidad y éxito para el título. GTA avanzó mucho; “Grand Theft Auto: London” y “Grand Theft Auto 2” no se hicieron esperar sin embargo la tercera parte “GTA 3” (2001) lanzada para  PC, Playstation 2 y Xbox  fue la que revolucionó el juego ofreciendo un modo FREE (Full Reactive Eyes Entertainment) permitiendo interactuar con la ciudad, su clima y su ambiente en general, cuestiones que fueron tomadas del juego “Shenmue” para Dreamcast y “Driver” para Playstation, ambos de (1999), esta nueva versión potencializa el caos y violencia las posibilidades vagar, destruir, incendiar y ultrajar en un mundo donde el objetivo siempre ha sido corromper, sin embargo ahora es más real, casi vivencial, el poder de los placeres sintéticos. 

La saga de videojuegos es actualmente de las más exitosas y memorables, auténticos promotores de la degeneración y la decadencia digital, obras maestras de descomposición  humana, piezas que ofrecen la satisfacción de ver el mundo arder en tus manos. Tal vez la cinta de Howard pasa desapercibida por su falta de similitud con el plot del juego, las personas que han buscado la película en busca de los orígenes de sus ampónes digitales, quedan decepcionados al ver que no se trata de la historia de sus ídolos. Sin embargo el juego sí se encuentra fuertemente ligado a la cinta, principalmente por la destrucción de vehículos, el mundo donde te bajas de un auto volcado para arrebatar otro que posiblemente dejes en llamas y abandones para robar una patrulla, la liberación de dopamina y la necesidad de acabar con policías mientras provocas accidentes, sin respetar leyes o principios morales.

Publicidad Videojuego Grand Theft Auto (Rockstar Games).

Qué satisfactorio que la saga de GTA obtenga su nombre de esta pieza clásica del grindhouse, ya que es un juego que representa violencia, abuso y sometimiento en muchas de sus formas, la misma película es un vehículo a toda velocidad con esas mismas características y el objetivo siempre fue estrellarlo directamente con el público, el hecho de que en la cultura siempre se esté buscando recurrir al pasado para obtener elementos a remixear en el futuro es un síntoma ya natural de la cultura, no solo por el caso de “Grand Theft Auto”, también las cintas; “Burnout” (1979) de Graham Meech-Burkestone y “Driver” (1978) de Walter Hill se convirtieron en videojuegos bastante exitosos y casos como “Fast and the Furious” (1954) de John Ireland y “Gone in 60 Seconds” (1974) de H. Halicki provocó un par de remakes muy redituables al inicio del siglo XXI. 

El síntoma de ser incapaces de reinventarnos, siempre presentando una versión recalentada del pasado, atrapados en el loop dedicado al remixear, edit, rework, nuevas formas de reproducir el universo pregrabado.