Fuera de tiempo: música y activismo (Discos Venas Rotas, 2021).

En la década de los sesenta a la par que el desarrollismo comenzaba a perfilarse como el nuevo modelo de producción-consumo, de la mano de la libertad de consumo, que trajo consigo el cenit de la insatisfacción personal (Amorós, 2019) se iba dando el escenario para que los niños que se convertirían en jóvenes en la década siguiente, crecieran en un espacio temporal y geográfico que serviría de caldo de cultivo perfecto para los impactos que trajo la recesión y ese sentimiento del “no futuro” desde donde nació el punk como movimiento contracultural a mediados de la década de los setenta del siglo pasado.

La abundancia prometida no fue sino una mentira del Estado, la satisfacción personal al menos en el Reino Unido fue un fraude financiado por el gobierno vendido a las corporaciones que en esas dos décadas comenzando a afianzar su poder, tanto económico, como político.

Este caldo de cultivo dio como resultado a una generación enojada, sin nada que perder, sin presente, mucho menos con futuro, una generación que buscaba una salida para expresar lo que sentía; un detonante que la ayudara a manifestar toda su rabia. Desde ahí nació el punk. Una cultura marginal que dominó Inglaterra y el mundo (Lyndon, 2016). Si bien con el paso del tiempo el punk fue secuestrado por el mainstream, vendido como rebeldía light, donde grupos como Sex Pistols jugaron un papel importante en esta nueva resignificación de lo que era/es esta cultura. Otros grupos como The Clash mantuvieron vivo el sentimiento original, permitiendo con esto que no se perdiera la razón de ser, siendo una influencia muy fuerte para otros movimientos en la contracultura y el activismo, tanto a finales del siglo XX, como hasta lo que llevamos del siglo XXI. Sin esto el Rock Radical Vasco no sería lo que fue en las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado.

En la evolución natural que se fue dando del punk, alejado del mainstream, específicamente en Inglaterra, para Ian Glasper, en su libro “The Day the Country Die: A History of Anarcho-Punk 1980-1984” (Glasper, 2014), fue con el nacimiento de Crass, que son su visión autogestiva del Hazlo tú Mismo, lograron tejer un movimiento mucho más crítico, más allá del sentimiento de “no futuro” y más cercano a las ideas anarquistas.

La nueva generación de punks ingleses que no se identificaba con el discurso de “destruirlo todo” o “no futuro,” lemas de la generación, anterior encontraron en el anarquismo y sus ideales una mejor forma de vida. Así los primeros años de la década de los ochenta, aunque con una música que se mantenía sonando igual, las comunas, la colectividad que ya eran parte de esta cultura al igual que el Hazlo tú Mismo, dando un giro para convertirse en una postura tanto social como política, fundamentada principalmente en las ideas de apoyo mutuo y cooperativismo de los pensadores anarquistas de los siglos pasados. Fue así como la irreverencia, la rabia, el sarcasmo, se convirtieron en herramientas de difusión libertaria junto a mucha propaganda panfletaria. El punk comenzó a mutar hacia el anarco-punk y aunque para se consolidara tuvieron que pasar algunos años, la idea fue germinando desde Inglaterra hacia el mundo en esa década de los ochenta.

Para Glasper los primeros años de la década de los ochenta del siglo pasado en Inglaterra fueron clave para que el punk tomara un protagonismo serio en el activismo que se mantienen hasta estos días. En las manifestaciones, las marchas, las barricadas, es normal ver a activistas con camisetas de Crass, Conflict, Rudimentary Peni, entre otras bandas de aquellos años. El sentimiento de solidaridad y apoyo mutuo del anarquismo se mantiene vivo, aunque conviven con el de no futuro y autodestrucción. Es claro que el desarrollismo que habla Amorós, y reafirma Zerzan en su libro de ensayos, “el malestar en el tiempo: globalización y debate” (2001), encontró en el neoliberalismo al aliado perfecto para propagarse y afianzar su dominio como el sistema de clases hegemónico. Desde ahí el punk tuvo que ir aprendiendo a coexistir en sus dos vertientes. El apoyo mutuo y la autodestrucción.

Mientras que en la Inglaterra de la Tatcher el punk se encaminaba hacia la autogestión y la autonomía manteniéndose a la sombra, sobreviviendo más que atacando frontalmente, creciendo, evolucionando más allá de los referentes puntuales, en Estados Unidos, jóvenes que no habían vivido las luchas por los Derechos Civiles, que se habían perdido de todo el movimiento antiguerra, pro-ambientalista, clase media, aburridos, que sentían que les habían robado su presente y su futuro.

Creciendo en una incipiente Generación X como la bautizarían algunos sociólogos, sin que el mundo les ofrecía nada, vieron en el punk una forma de expresarse tomándolo como suyo. Lo convirtieron en el vehículo de su rabia e inconformidad, revolucionando la música convirtiéndola en una danza tribal agresiva, convirtiendo su apatía en rabia y agresividad. Rompieron con el movimiento punk que vendía el mainstream como postpunk, new wave, el cual no tenía ningún significado para estos ellos, rebautizando el estilo musical y su movimiento como Hardcore.

Con una actitud de confrontación directa contra la autoridad en todo sentido, se fueron encaminando hacia la autogestión y el Hazlo tú Mismo, no necesariamente como una postura política sino como una forma de decir: “¡váyanse a la mierda, no los necesitamos!” (Rollins, 2009). Desde donde construyeron sus sellos discográficos, sus fanzines, sus conciertos, sus formas de organizar las giras de las bandas. Desde la rabia y el aburrimiento es que convierten un movimiento que, en plena imposición neoliberal, sin saberlo, sin quererlo comenzaban a hacerle grietas. Claro, esto trajo consigo a una juventud en todo el mundo que, a la fecha, sigue sin entender en donde quedo el futuro que les prometieron.

La década de los ochenta fue una década bastante oscura, el neoliberalismo trajo consigo una profunda crisis socioeconómica, que en los Estados Unidos de la mano de Ronald Reagan pego durísimo. Steven Blush, tanto en su documental, como en su libro “American Hardcore: a tribal story” hace un recorrido por esta escena donde muestra que fueron una respuesta directa a una serie de políticas públicas que los reprimían, que les robaban su presente y su futuro (2010).

Blush entrevista a los protagonistas de esta escena/movimiento para ir deshilando la historia de una juventud que no encontraba su lugar pero que lo fue construyendo desde la filosofía punk del Hazlo tú mismo. Con sus propios medios fueron creando un movimiento que contrarrestaba la cultura frívola y consumista de la Generación X en sus inicios y que retrata muy bien Easton Ellis en sus novelas “Menos que Cero” y “American Psycho”. La “American Hardcore” fue una respuesta a esa visión. Esto no fue planeado, no tenían una postura política definida como se estaba dando en Inglaterra y otras ciudades europeas. Se dio por la necesidad de salir de la apatía, del aburrimiento, aunque al final se convirtió en una confrontación directa al partido republicano, al presidente Reagan y sus políticas neoliberales. 

En el inicio de la pesadilla que es este sistema de clases, un puñado de jóvenes lo enfrentó sin tener una noción clara de lo que se avecinaba para todo el mundo. Dieron una confrontación directa, imaginando nuevas/viejas formas de atacar a la autoridad –padres, madres, hermanos mayores incluidos-desde el arte, la rebelión, la literatura política (Carducci, 2007).

Desde la American Hardcore y el movimiento Anarcopunk inglés se fueron delineando todo lo que a mediados de la década de los noventa se conocería como Altermundismo. Los protagonistas de esto son muchos como para mencionarles a todos, desde Black Flag, Minor Threat, Dead Kennedys, sellos discográficos como Alternative Tentacles, SST, Dischord, fanzines como Touch and Go, Flipside entre muchos otros se mantienen de cierta forma activos. Las bandas son parte del Soundtrack de la resistencia actual. Son semillero de todo lo que se ha venido creando en muchos movimientos, no solo activistas, sino artísticos en todo el mundo.

La pesadilla neoliberal aún no termina y por lo que podemos suponer, el despertar de ella será mucho peor, especialmente porque con el paso de los años, la rabia que acompañó al aburrimiento de los jóvenes del American Hardcore se ha convertido en lo que Murray Bookchin llamó una plañidera sin sentido (1996).

Hace falta reconstruir espacios donde volver a bailar de formar tribal, desde el compañerismo, desafiando a la autoridad.

*****

Fuera de tiempo: música y activismo es la primera publicación de Venas Rotas. Una biografía musical de Jorge Tadeo Vargas construida a partir de 20 ensayos que vinculan el desarrollo de diversos fenómenos y subgéneros del rock con sus posibilidad de provocar cambios culturales en sentido libertario.

Esta será la primera publicación esperando con ella seguir explorando dispositivos para profundizar el entendimiento de la capacidad transformadora de los gritos y los ruidos a los que nos debemos como sello.

El libro cuenta con los prólogos de Tatiana Soberón (Bloody Benders, Gato Calavera, No Somos Nada) y Miguel Tajobase (Revuelta Propia).

Si desean adquirir el libro escriban a: discosvenasrotas@gmail.com