Aguamiel escurre de sus cachetes, caras chorreadas por comer rebanadas triangulares de piña. Los niños comen sentados, sus cuellos prietos y terrosos, las manitas llenas de tierra, las rodillas y codos con huellas de sangre y tierra.

Los niños con una sonrisa desbocada se burlan porque al ‘negro’ le dijo ‘cariñito’ su mamá y que según el ‘gordo’ era el ‘más-acá’ del grupito, este evento ha cambiado la intersubjetividad del grupo, por lo tanto las posiciones discursivas de cada uno han cambiado y ahora hay que referirse al ‘negro’ como ‘cariñito’, esto lo sé porque en tono de burla con un ritmo maternal ahora todos le corean ‘cariñito-cariñito’.

El ‘negro-cariñito’ se levanta con expresión de molestia, y les amenaza con un bote de plástico que recogió al momento que se paraba de la banqueta, los demás niños se echaron para atrás y con actitud retadora la ‘hormiga’ le invita a hacer algo; ‘hormiga’ se para también y le reta a los golpes con una actitud confiada le dice:

—¿Un tiro o qué? Pinche culo.

—Callate a la verga pinche enano, porque si te ando partiendo tu madre— responde el ‘cariñito’

Los otros niños observan la desigual contienda, ‘hormiga’ es evidentemente más chaparro que ‘cariñito’, en sus mentes ya están pensando en el nuevo apodo de ‘hormiga’ si gana la pelea, si pierde no importa, sabían que era una guerra injusta, le seguirán diciendo ‘cariñito’ al ‘negro’.

Partele su madre al ‘negro’, pinche ‘gallito’—​     ​ dijo el ‘Pichi’. 

Escuchar eso hirvió la sangre de ‘cariñito’ (aunque sintió que ganó porque le dijeron ‘negro’ otra vez) y al mismo tiempo ‘hormiga’ sentía una gran responsabilidad, ya no quería pelear pero no iba a quedar como un imbécil “cantando un tiro” y luego retractándose.

Ninguno de los dos querían tirar el primer golpe, así que tras unos segundos de espera ‘cariñito’ le tira a los pies con fuerza la botella de plástico vacía, esa era la señal para empezar la pelea. ‘Hormiga’ patea la botella y le atina en la cara a su contrincante, el cual se lanza contra el pequeño para darle la paliza correspondiente.

Te voy a cocer a vergazos pinche ‘hormiga atómica​      ​’— grito el ‘cariñito’ En ese momento iba llegando el papá de ‘cariñito’ y escuchando el altercado que se origina a contraesquina de la cuadra le grita desde la puerta —Si se van a matar, matense bien. Y a ver donde se entierran porque yo no los voy a enterrar— El grito del papá generó curiosidad entre los demás vecinitos y vecinitas que jugaban en la misma calle, todos fueron a hacer bola, gritaban cada quien a su ‘gallo’, ya no había forma de librarse de la pelea, tenían que hacerlo.

Lo único bueno de esto, es que ‘cariñito’ le puso el nuevo apodo a ‘hormiga’ por ‘hormiga atómica’ aunque no fue un apodo que haya podido perdurar porque era demasiado largo. Cuando ‘cariñito’ vio a la niña que le gustaba, ella estaba en quinto, el todavía en cuarto, sintió la necesidad de impresionarla así volvió sobre sí mismo y le tiró un puñetazo en la cara a ‘hormiga’ quedando aturdido, se tambaleaba a los lados, todos guardaron silencio, ‘hormiga’ pateo en los genitales a ‘cariñito’ por lo cual quedando en una posición vulnerable no pudo no empinarse, así doblado ‘hormiga’ le dio un golpe en el oído, todos dieron un paso para atrás, menos ‘hormiga’ que observaba cómo perdía el equilibrio su amigo, ‘cariñito’ cayó al suelo como si de una tabla se tratará.

La escena era completamente poética, ‘hormiga’ de pie con el puño aún cerrado, el labio roto sangrando, el cielo tornaba naranja y rojo pues se hacía tarde, ‘cariñito’ desmayado en medio de la calle, silencio, las aves habían dejado de cantar, los carros ya no andaban, y a la misma velocidad que llegaron, todos corrieron a refugiarse del fantasma de la violencia, todos menos el grupo de 5 amigos.

‘Hormiga’ lo mataste​        ​— dijo ‘Chaparro’  

‘Gordo’ le consoló diciendo que no estaba muerto pues parecía que respiraba, ‘hormiga’ llorando abrazó el cuerpo de su amigo desvanecido, mientras que el ‘pichi’ iba a avisar a su mamá.

Ninguno se fue, aunque tenían miedo pues creían que el papá de ‘cariñito’ se iba a enojar, pero al contrario, éste fue muy clemente y solo se limitó a decir —Ah, que pinche ‘hormiga’, si, si pegas recio cabrón, pos’ con razón te dicen así— nadie reía, en otro momento salió el comentario a tema y todos pudieron reír del cinismo del señor, pero en ese momento todo era lúgubre, la señora mientras levantaba la cabeza de su hijo rezaba un padrenuestro que iba inventando mientras limpiaba la cara de ‘cariñito’.

Cuando se terminó de incorporar ‘cariñito’ su mamá le regaño —Pinche guerco canijo, vas a ver cabrón, ¿Por qué te andas peleando con tus amigos hijo de la chingada? ¿Ya vez? Ni aguantas nada, te dejo tirado el pinche ‘hormiga’— entonces volteo ‘cariñito’ y vio la cara de la ‘hormiga’, sus ojos escurriendo lágrimas, asustado, con el labio sangrando y el sudor y la tierra en su cuerpo.

—Yo me desmayé, pero parece que al que se madrearon fue a la pinche ‘hormiga’— ​dijo el ‘cariñito’ y tan solo terminó la frase, su mamá le dejó ir una cachetada que también le rompió el labio sentenciando —Ni se te ocurra volver a decir una maldición frente a mí, cabrón, ¿Oistes? Ya vámonos pa’ dentro—

Todos se despidieron, cada quien se fue para su casa, todos iban tranquilos, menos ‘hormiga’, algo no estaba bien sentía, algo en esa tarde no estaba bien, no podía estar bien, —Ya nada puede ser igual— ​reflexionaba mientras escupía sangre en el piso terroso camino a su casa, algo había cambiado y no sabía que, veía su cara en los espejos de los carros y no reconocía su cara, un rostro infantil con moretones y sangre, tierra, sudor y lágrimas, apenas tenía 9 años y ya nada era igual.

El día siguiente, lunes, se encontró con sus amigos en la primaria. Entraron a clases cargando la victoria en sus caras, todos preguntaban que les había pasado, ‘hormiga’ y ‘cariñito’ (que en la escuela seguía siendo ‘negro’), se veían, en su silencio y en sus miradas entendían que no querían hablar de esa escena tan vergonzosa, prefirieron mentir y decir que pelearon en el campo de fútbol con unos de sexto de otra escuela, de todos modos les iban a creer tenían la cara como para creerles. 

Se hicieron populares en toda la primaria, siquiera los de sexto que pronto irían a la secundaria habían peleado con alguien, pero esos dos niños de cuarto si, todos les admiraban.

Ellos se sentían todo, menos héroes.