Las hermanas Millet Medina.

La mañana del 31 de enero de 1977, Nuevo León despertó con la noticia del terrible crimen a las hermanas Millet Medina, Laura y Elda dos jóvenes estudiantes del Tecnológico de Monterrey, nacidas en Merida, Yucatán.

El hospital declaró a Laura muerte por estrangulamiento, Elda tuvo la fortuna de girar la cabeza a tiempo, la bala solo le rozó, se salvó de la muerte, lo que nunca imaginó es que no solo tendría que vivir con las aterradoras imágenes de lo sucedido a ella y a su hermana, lo que seguía era mucho peor, una sociedad que las acusó de “libertinas y provocadoras” –claro, unas foráneas tienen, sabrá Dios que mañas, pobre hombre, tan respetable, serio, guapo, ellas vinieron a arruinarle la vida él y a toda su familia.

Pedro de Isla a la tierna edad de 10 años despertó envuelto en la conmoción mediática de un cruel asesinato, una historia que se estaría elaborando en su interior por 39 años dando como resultado “Los andamiajes del miedo” (2016, Universidad Veracruzana, Universidad Autónoma de Nuevo León). Una novela desgarradora, retrato cabal de sus tiempos, lugares que formaron parte de un crimen. Conversé con él a propósito de los 44 años de los hechos, compartiendo sus impresiones sobre una sociedad que no ha cambiado mucho, al parecer todo lo contrario.

Treinta y uno de enero del 1977, Monterrey amanece con una mancha de sangre, usted era aún muy pequeño, ¿cuándo y cómo se entera de los hechos?

Yo tenía 10 años, pero el tema estuvo en los periódicos y TV un día sí y otro también, no había manera de no enterarte. En aquella época el periódico de referencia era El Porvenir, que llegaba puntualmente a la casa e hizo un seguimiento puntual del caso por cerca de año y medio. Desde entonces me apreció muy injusto el trato que se les dio, el cual se refleja en el capítulo final del libro, el cual necesitaba meter de alguna manera en la novela y creo que es el final correcto.

¿Por qué decide relatar en una novela un crimen tan cuestionado por los regiomontanos?

Precisamente por eso, porque todo el mundo (mayor de 50 años ahorita) tiene una historia con el caso. La ciudad era otra en tamaño y el peso del chisme y del comentario ocasional era diferente al de hoy. Conforme hacía la novela y la gente se enteraba, me llegaban historias fantasiosas que me daban tanta pena como risa. Tuve la historia en la cabeza muchos años y no estaba dispuesto a que se quedara olvidada.

Pedro de Isla.

¿Cuánto tiempo le llevó la investigación, y qué obstáculos se encontró en el camino?

¡Esa parte da para otra novela! El expediente no existe porque, convenientemente, “se lo llevó el Huracán Gilberto”. El abogado de Edgar Contreras era Américo Delgado, un as para el amparo y que falleció en el pueblo de Almoloya de Juárez; unas muchachas que vieron una nota de mi trabajo hicieron un trabajo escolar al respecto y hablaron con Raquenel Villanueva, quien les dijo que no tocaran el tema (eso las hizo seguir adelante con más ahínco). Hubo que reconstruirlo en base a terceros que conocían a Edgar y el caso, incluyendo al abogado de las hermanas Millet.

El libro tiene una estructura dramática de tres niveles temporales, con múltiples voces narrativas, ¿por qué darle esa estructura?

Porque no quería hacer la típica novela sobre el crimen. Desde el inicio traté de entender por qué nunca se fue de Monterrey para rehacer su vida. Entonces comprendí que la ciudad también era parte importante de la historia, una ciudad que encubrió a Edgar por casi 35 años, hasta su muerte en 2011, ya con otro nombre. Además, quería darle una perspectiva al suceso, lo que pasa con los años tanto con el asesino como con su familia. Ahí están las tres líneas temporales.

Hay un momento muy importante para mí en la lectura, cuando el homicida está recordando los hechos ocurridos décadas atrás y haciendo un recuento de lo sufrido por la presión social, por un instante, sentí empatía, usted hizo con sus diálogos que olvidara que Edgar Contreras le arrebató la vida a una joven universitaria. ¿Por qué darle la oportunidad al asesino de mostrar su voz?

Más que darle oportunidad a Édgar, me interesaba lo que pasó a una familia que no mató, ni violó ni nada, pero que pagaron gran parte de la culpa del padre. ¿por qué Abel tuvo que pagar el pecado de Adán y ser desterrado del paraíso? Ahí hay una injusticia terrible que se perpetuó hasta los nietos de Édgar (me consta) y que todos pasan por delante.

La verdad no sé a ciencia cierta si la sociedad regiomontana es distinta a la de hace cuarenta y cuatro años cuando juzgaron violentamente a las jóvenes Millet, es el 2021 y sigo escuchando comentarios defendiendo lo indefendible, a un hombre que tenía pistola y cuerdas en la cajuela de su coche, que cometió un crimen atroz, que no se movió de Monterrey y vivió tranquilamente con distinto nombre. ¿En algún momento sintió incertidumbre por saber cómo reaccionarían ante su libro?

Más que incertidumbre, sentía curiosidad. El resultado fue lo que imaginé: mucha indignación en público y algunas justificaciones en privado.

Por muchos años tuve en la mente el crimen de las hermanas Millet, y deseaba mucho poder leer Los andamiajes del miedo, cuando creí haber leído todo y asimilaba el final, un infame capítulo veintinueve me esperaba: la respuesta de los regiomontanos mostrando superioridad. “Eso es lo que me molesta de los foráneos, que llegan y esperan todo masticadito y en la boca; Claro, comadre, mis padres y abuelos se partieron el lomo toda la vida haciendo de esta ciudad su orgullo y estos nomás llegan a disfrutarla; Pues sí la entiendo, pero nunca seremos iguales, a la gente que verdaderamente es de aquí se le reconoce de inmediato; Le diré, al paso que vamos, en unos años ellos serán más que nosotros; Ni lo mande Dios, esto dejaría de ser lo que es ahora.” Atentamente 26 rúbricas.

Más que la voz en segunda persona del asesino narrando el momento exacto de los hechos, el capítulo que me marcó fue este último, ese que marcó también a Elda Millet, enfrentarse y ser juzgada por una sociedad hipócrita, nosotros, los regios. Eso me apena mucho.

Y, como usted me decía, “esto pasó hace cuarenta y cuatro años, pero también pudo ocurrir hace cuarenta días”

¿Qué pasa con la sociedad regiomontana?

La sociedad regiomontana no es diferente del resto, por más que busquemos ser especiales, únicos, incomparables. Esto mismo pasa en todo el mundo, ya sea Mérida (de donde eran ellas), Berlín, Praga, ciudad del Cabo o Pekín. En Alemania mataban judíos, en España apalean sudamericanos, en Nebraska no van a vacunar a los inmigrantes, en Ruanda matan Hutus y en Tanzania matan albinos. El miedo al otro, al diferente, al de fuera, que no tiene nuestras raíces (como si las nuestras fueran las correctas). Y en ese diferente se acumulan todas nuestras fobias e inseguridades como sociedad.

Y esto que ocurrió hace más de 40 años también ocurrió hace poco en Querétaro, cuando un conductor de Uber violó y mató a una chica que debió lleva a su casa (justo como ocurrió con Edgar y las hermanas Millet) “¿por qué sale sola? Ella se lo buscó” fue un comentario recurrente. Lo dicho: nada nuevo bajo el sol.