Mixar López debuta al ritmo del Middle West, bajo el título Prosopopeya en la oferta editorial de Gato Blanco. Con un estilo duro y sin tapujos, nubla con sangre las principales secciones de novedades en las librerías, llenas de un extremo cuidado en el uso de lenguaje y, además, de una visión del mundo ilusa y poco cercana a la realidad; es decir, atisban una luz que no tardará en perecer. A través de un guiño con su propia identidad, la obra ofrece a los lectores algunas similitudes con la prosa de escritores fronterizos como Rafa Saavedra o el mítico Fernando Nachón, sin dejar de proponer en una época sinuosa un poco de pasión, lujuria, excesos y ansiedad en mitad de un encierro metafísico que hoy cobra vida en el alma de los seres humanos.

La literatura estaba olvidando a los autores que nos hicieron soñar con convertirnos en escritores, como una forma de aspirar a ser una especie de rockstars y conquistar a las chicas; no obstante, este sueño pueril encontró como consecuencia el devenir de la vida que inherentemente traerá tropiezos, errores y malas decisiones. Prosopopeya responde a una de las fortalezas de la literatura norteamericana: narrar la vida sin mirar atrás. William Burroughs lo experimentó; Kerouac lo convirtió en mito. ¿Dónde reposaban las heridas de una mente enclaustrada? Mixar comienza a darnos pistas y evoca una serie de cachetadas en la cursilería que planteamos como antídoto ante el genocidio vital. El escritor mexicano huye de las utopías y propone pagar lo que debemos, como mencionó en una de sus entrevistas sobre el libro.

Prosopopeya es una serie de crónicas del encierro físico en el que un ser humano se destruye a sí mismo para renacer con la misma elocuencia que un rufián cumple con las tareas encomendadas. Con un lenguaje directo y procaz, el libro permitirá que el lector sienta empatía por las vivencias de los personajes que tienen una misma identidad, y se declare culpable de reír en más de una ocasión ante la inteligente creatividad de la tragicomedia literaria. Sin embargo, no sólo la narrativa está presente; Mixar no pudo escapar de la informalidad de sus experiencias periodísticas y, en todo momento, es testigo de la caída al ocaso de ese personaje único que nos hace recordar a Andy Dufresne en The Shawshank Redemption; pues la vida del autor libró un túnel de mierda para encontrar la libertad.

Auguro un éxito asegurado para el libro, brillan muchos valores en él: brevedad, agilidad, pasión, experiencias. Bienvenidas ésta y otras voces que nos recuerden en dónde estamos parados y que, como un mal consejero, susurre que el precipicio está al alcance de unas truchas y una que otra gringa.