Con cariño para quién me enseñó que

“yo no nací pa´pobre, me gusta todo lo bueno”

Camino de Guanajuato

Que pasas por tanto pueblo

No pases por Salamanca

Que ahí me hiere el recuerdo

Vete rodeando veredas

No pases porque me muero

José Alfredo Jiménez, Caminos de Guanajuato

“Cantinero que todo lo sabes, he venido a pedirte un consejo, pero quiero que tú no me engañes, no me digas que no eres parejo”, siempre que empezaba a escuchar la canción “El cantinero” por mi mente pasaba no solo la llegada de José Alfredo Jiménez a la cantina, imaginaba el afecto que le tenía el encargado de la barra, y el momento exacto donde se retiraban juntos a seguir la fiesta y así entre tequila y tequila abrazados, curar el dolor del mal amor. Y es que a quién no le hubiera encantado agarrar la jarra con El rey.

No crecí escuchando a “El hijo del pueblo” fue hasta el año 2000 que entraron a mi vida una detrás de otra, con un gran impacto, no importa si es mañana, tarde o noche escuchar a “Fellito” como le decían los cuates es motivo de alegría, de de puritita fiesta.

Un día como hoy pero de 1926 en Dolores Hidalgo nació la leyenda, que con sus canciones sencillas de situaciones cotidianas, pero expresadas con un desbordante sentimiento en cada estrofa nos parte el alma, aún que no tengamos el tequila al lado ni el corazón roto.

Con más de trescientas canciones y aunque nunca se consideró buen actor en un lapso de veinte años participó en veintitrés películas.

En sus melodías cualquier pena encuentra un abrazo, en una copa de vino o en la botella entera y la cantina se convierte en un tipo de confesionario donde te libran de tus penas y sales libre en busca de unas cuantas nuevas.

El sentimiento que encontramos al escucharlo no envejece, al contrario se vuelve inmortal.

Y es que aunque en muchas de sus canciones se resalta el arquetipo del charro, mujeriego, galán, enamorado y mal correspondido, hay letras que nos llegan al alma, o a poco me va a negar que no siente nada al escuchar “Me cansé de rogarle, me cansé de decirle que yo, sin ella, de pena muero” que si ahorita nosotros fuéramos el cantinero sería el tan famoso “Amigo date cuenta” porque ya sabemos que ni con el olvido “al estilo Jalisco” entendería que no lo quieren, y que el mariachi y los tequilas solo lo harían llorar más.

Y es que cuanta razón tenía José Alfredo, basta solo con escuchar la rola “El coyote” que era un bandido nacido allá por mi tierra, lo conocí desde niño fuimos juntos a la escuela…de esos traicioneros que ya les conocemos las jugadas a matar.

Con un “Caminos de Guanajuato”, “Corrido a Mazatlán”, “Tú y las nubes”, “El jinete”, “Ella”, o “Paloma querida”, escuchar su música siempre va ser la excusa perfecta para brindar.