El 10 de septiembre de 1973 se ejecutó un golpe de Estado al gobierno del presidente Salvador Allende liderado por Patricio Carvajal, iniciando el bombardeo al Palacio de la Moneda. En esta historia Augusto Pinochet era el encargado de las Telecomunicaciones del ejército, logrando que los golpistas estuvieran comunicados en la toma. Ganan y esa tarde Pinochet, junto con los comandantes de la Armada, Fuerza Aérea y Carabineros, conformaron la nueva Junta Militar que asumió el control del país. En ese momento Salvador Allende se suicida por la pérdida de su investidura presidencial, aunque también dicen algunos que fue asesinado en su gabinete.

Decidieron que Pinochet, por ser el comandante en Jefe del Ejército, fuera el presidente de la Junta Militar del gobierno, y sus primeras decisiones fueron: tomar la Cadena Nacional de Radio y Televisión, disolver el Congreso Nacional, iniciar una restricción de los derechos civiles y políticos de los ciudadanos y por último, detener a los líderes de la Unidad Popular, la cual era la unión de los partidos de izquierda del país que apoyaron el gobierno de Salvador Allende. Pinochet certificó que esta Unidad era ilegal e ilegítima, entonces algunas voces fueron calladas a tiros.  

De esta manera, inicia la dictadura militar (1973-1990). Fue hasta un año después que por medio de un decreto se proclamó como Jefe supremo de la nación, y por ende, presidente. 

Es en 1978 cuando el rumbo de Chile cambia por completo. Pinochet, en su intento de legitimar su dictadura y de camuflar esa palabra con el olor a fusiles en las calles, crea un plebiscito donde las papeletas ya estaban marcadas con su rostro, para proclamar que subió al poder y no se lo tomó, donde fue el pueblo chileno el que lo eligió y no sus amigos militares. De esta manera, en 1980, toma nuevamente la herramienta del plebiscito comprado para dar rumbo a la nueva constitución de 1980, en reemplazo a la Constitución de 1925.

Este plebiscito fue muy cuestionado debido a que no existieron registros electorales y la oposición, por las políticas de represión, no pudieron hacer campaña, además ha sido muy criticada porque permitió la dictadura, protegiendo el modelo político y económico planteado por Pinochet e importado desde la Casa Blanca: El Neoliberalismo. Comienza una terapia de shock donde el pueblo chileno se convierte en el primer experimento que años después cubriría a toda latinoamérica de dictaduras y “democracias” dirigidas y vigiladas desde los Estados Unidos. 

AJ+ Español propone que esto se debe porque la constitución y el modelo neoliberal plantea al pueblo como consumidor y no como pueblo. Esto se evidencia cuando se constituyen los derechos, no a la salud, educación, pensión y demás, sino a elegir la contratación estatal o privada en la salud, educación, pensión y demás. Cuando Pinochet estableció esto en el artículo 19 de la constitución, el Estado sólo debía garantizar que hubiesen sistemas tanto públicos y privados para que el ciudadano pueda elegir “libremente”, no garantizando ni priorizando la calidad. Amaya Álvez, profesora de Derecho Público en la Universidad de Concepción establece: “Somos consumidores y finalmente parece que las reglas del juego las fija el mercado. Incluso para nuestros derechos ciudadanos. Entonces la libertad es optar entre un modelo público o privado que depende de la capacidad económica del usuario”. Los derechos y servicios se vuelven clientelistas, acrecentando la brecha de diferencias sociales, y juzgando al pueblo por un nivel de posesión y acumulación de riqueza que desde un principio tiene vedado. El país abre sus puertas a la depredación de la economía foránea, llenando arcas privadas y exclusivas a la sombra del miedo y la represión.

Esta problemática deja vislumbrar el amor eterno del Neoliberalismo a la propiedad privada, pero no se limita al derecho de tener una casa o un lote, sino que la constitución ampara que una persona puede comprar y ser dueño de recursos naturales como el agua. Fernando Muñoz, profesor de la Universidad Austral deja vislumbrar el verdadero problema de la propiedad privada: “Si hoy en día el Estado Chileno quiere darle agua a una comunidad rural que no tiene, tiene que comprarle a alguien, no puede llegar y expropiar ese bien. El modelo chileno de aguas, de recursos mineros, modelos de concesión de recursos pesqueros, forestales y en todos estos casos, lo que hay son mercados donde estos recursos que son colectivos, son trazados como objetos de propiedad individual”. No sólo esto, sino que la propiedad privada no reconoce la diversidad de la población porque se centra y prioriza los ciudadanos con capital. Un ejemplo de ello, es mencionado por AJ+ Español, cuando trae a colación a los pueblos originarios y su derecho ancestral al agua, la tierra, las montañas y demás, derecho que es negado por la constitución, estableciendo que no tienen propiedad sobre ellos. La tierra y sus recursos son enmarcados y estampillados con nombres privados que luego serían vendidos al exterior y negados a sus pobladores.

En los últimos años cuando se presentaron movilizaciones sociales en Chile por la pensión, educación, salud y trabajo para que fueran reconocidos como derechos, el pueblo se vio truncado debido a que no había herramientas políticas para reclamar, gracias a la constitución de Pinochet. A pesar de que la dictadura había sido derrocada, estas políticas de represión y robo continuaban, así que el grito por un Chile más justo despertó la Dignidad de su largo sueño. Envenenada por el olor a los billetes usados, el pueblo se llenó de rabia y un vacío de justicia logró que el 25 de octubre del 2020 se saliera a las calles para conseguir una asamblea constituyente, con el fin de cambiar la constitución donde la libertad fuera la libertad del pueblo y no la comprada desde los bolsillos, para que la dignidad rigiera por todas las calles y sobre todo, para tejer la memoria de un pueblo que había sido masacrado en la privatización de los derechos humanos.

Así que CHI CHI CHI LE LE LE, CHILE, ¡VIVA CHILE! y su coraje, por ser un ejemplo para América latina, de lucha, de digna rabia, por demostrarnos a los latinoamericanos lo que puede llegar hacer un pueblo unido, ahora sabemos que jamás será vencido. Gracias por levantarse contra la injusticia y el poder, por rescatar la memoria de los pueblos ancestrales, por sentenciar a los ladrones de tierras que se vendían como mártires, por no olvidar a sus muertos, porque ahora Chile late en un sólo corazón. 

El corazón del pueblo que bombea respeto y transporta dignidad. 

Porque

“El pueblo es superior a sus dirigentes” 

Jorge Eliécer Gaitán