A veces me siento pesimista. Nos deparan meses de intermitente encierro. La reelaboración de algunos formatos de vida, esperando siempre por volver a los antiguos. En lo personal, guardo la esperanza de que en esas reconsideraciones de formatos, podamos avanzar en algunas batallas que antes se veían impensables (sobre todo, en lo que concierne a poder desarrollar tu trabajo de forma remota).

Foto de la autora: Alejandro Meter

Roads (2007) y Tu casa es mi casa (2008), significan, para la escritora Nylsa Martínez (Mexicali, Baja California, 1979), la consumación del dolor, la soledad, la muerte y su renacimiento posterior en la narrativa, son ideas y temas canalizados a través de personajes que conducen el fuego y cruzan fronteras en automóviles. Medios para romper la realidad material y encontrar el poder abstracto mediante la evocación de la palabra.

La carretera en los libros de Nylsa Martínez es la encarnación simbólica de la vida, y el protagonista, un piloto fénix sucumbiendo de entre la curva de la oscuridad.

Charlé con Nylsa Martínez acerca de su obra narrativa y algunas interpretaciones.

Afecciones Desordenadas (Editorial Artificios, 2016)

¿Cuáles son los recuerdos de tu niñez en Mexicali que más permean en tu narrativa?

Algunos detalles de mi niñez es posible que permeen en mi narrativa (sobre todo las alusiones al clima o el patio de mi casa), aunque reconozco que no soy alguien que guarde nostalgia de sus primeros años, o que se haya encariñado con esas memorias. Por eso me esmero en no incluirlas. 

El escritor quiere escribir su mentira y escribe su verdad, decía Ramón Gómez de la Serna (1888, 1963), ¿cuál es la verdad de Nylsa Martínez?

La verdad es que soy un ser tremendamente tímido y me cuesta mucho hablar de mí. En ocasiones me han preguntado si alguno de mis cuentos es mi historia o si eso me pasó. Puedo decir que en la gran mayoría de mis cuentos he hecho un esfuerzo por no contar directamente. Al contrario, si es que hay algún pasaje de mi vida en ellos (que seguro lo hay), tiene capas y capas que lo cubren. Sin embargo, es imposible ocultarse. Efectivamente escribir es armar una mentira. En mi narrativa hay temas recurrentes que terminan revelando quien soy o en lo que creo, por ejemplo, cuando hablo de la soledad, relaciones rotas, miedos, etc.

¿Escribir es un acto de supervivencia?

Sí que lo es. Y lo digo con convencimiento. Mi amor a la literatura es quizá lo único que me ha permitido continuar. Todo me lo ha dado.

¿Todos los lectores somos niños de diez años, como me dijo alguna vez Ave Barrera?

Me resulta complicado responder. Ave comenta sobre que el lector comparte con el niño la distracción ante lo que le resulta aburrido y la inquietud por saber qué es lo que va a pasar en la historia. En ese sentido, el lector claramente comparte esa curiosidad del niño. Sin embargo, hay variedad de lectores. El mismo desarrollo de la vida y nuestro propio momento al momento de leer condiciona que tipo de lector somos. En ocasiones buscamos ciertas lecturas porque queremos experimentar algo en concreto a través de ellas.

¿Llega un momento en que aspiramos a escribir algo peor?

No estoy segura si sea una aspiración, pero la escritura al transitarse nos lleva a distintos lugares. Escribir peor es un sitio que, definitivamente, debemos visitar.

¿Son importantes los premios (como el Estatal de Literatura de Baja California), las becas y las distinciones para un escritor?

Son importantes, sí. Sería falsa si comentara que cuando he recibido algún premio o reconocimiento en mi trabajo, no me haya sentido especial. Pero la importancia va acompañada de filtros, de intenciones, de propósitos, etc., dictados por el propio escritor, como de la sociedad a la que pertenece. Los premios no son determinantes para ser escritor o desarrollar una carrera.

¿De qué manera la literatura “ayuda” a las personas?

¡Uf! Pregunta de difícil respuesta. La palabra ayuda, considero que por consecuencia implica llevar al lector a un estado de mejoría, y eso me molesta. Si un libro le salva la vida a alguien, o le hace una revelación tal que se convierte en una ayuda, lo celebro. Sin embargo, yo misma puedo atestiguar que en más de una ocasión he terminado destruida tras la lectura de un libro. Yo no etiquetaría o valoraría el arte por su función terapéutica.

Roads (Editorial Paraíso Perdido, 2007)

Si es que hay un hilo conductor entre todos tus libros, ¿Cuál sería?

Creo que puedo responder fácilmente porque es un señalamiento que con frecuencia me han hecho ya (así que ya me lo creí). En mis cuentos hay un camino que recorren los protagonistas en auto, de preferencia, uno que incluya el cruzar la frontera México-Estados Unidos. Hay siempre una conversación para aclarar los hechos que llevaron a la ruina una relación y es constante la presencia de funerales y de muertes.

¿Qué estabas escuchando mientras escribías Roads (2007)?

Había regresado a la ciudad de Mexicali después de más de ocho años de estar lejos. Fue un tiempo donde estaba reconectando con mis memorias, los amigos que seguían allí y lo que había dejado atrás. Así que en algunos cuentos de ese libro y de otros se encuentran líneas de canciones de NIN, Pink Floyd, Depeche Mode, e incluso bandas como Guns N´ Roses, Smashing Pumpkins o Aerosmith. Para alguno recuerdo que escuchaba algo de Davis, Coltrane o Monk, pues el protagonista tocaba jazz. Mis personajes oyen música, aunque a veces no comparta sus gustos musicales.

Siempre he pensado que hay alguna relación entre este libro y la canción del mismo nombre de Portishead.

Portishead es una banda que escuché durante mucho tiempo y la sigo oyendo de vez en vez. Es seguro que haya una relación, pues al momento de escribir Roads yo estaba muy vulnerable tratando de entender la soledad y desamparo en que me había dejado la muerte de mi madre. Me cuestionaba todas las relaciones de mi vida y Dummy había sido parte del soundtrack. La idea de llamar al libro Roads vino de mi editor Antonio Marts. Él en su momento también habló de lo que evocaba este volumen de cuentos.

Rio entre las piedras (Editorial Paraíso Perdido, 2015)

¿El momento, el presente, es eso que se amasa cuando más frágiles nos sentimos, como escribes en el relato “Cruzar las fronteras”, incluido en la antología Río entre las piedras: Guadalajara como espacio creativo, editada por Paraíso perdido en 2015?

Sí. La fragilidad permite amasar los presentes más inusitados. De ella puede surgir la belleza o toda nuestra miseria. En el caso de ese cuento, el presente y cruzar un par de fronteras destruyó una historia de amor.

¿De dónde surge “Tanga-Man” y su identidad secreta?

Surge de una joven escritora que quiere experimentar mucho y está tratando de encontrar una voz. En el tiempo que escribí ese cuento asistía a un taller de creación literaria impartido por el escritor Luis Martín Ulloa. En ese cuento quise explorar el humor y tratar de escribir cuentos breves. Creo que un elemento que conservé fue el agregar un toque de humor a las historias.

¿Cuál es el referente de este superhéroe?

Mi personaje fue producto de la típica escena de película sesentera, setentera donde los villanos tienen encadenado al héroe en alguna cueva. Pensaba en las películas de El Santo, por ejemplo. También jugaba con la idea de cómo solemos imaginar a nuestros héroes y, en ocasiones, estos nos desilusionan.

¿Optas por mucha tanga o poca acción?

En el cuento Tangaman optó por lo segundo.

Tu casa es mi casa (Instituto de Cultura de Baja California, 2008)

Hay mucho alcohol y sangre entre las páginas de Tu casa es mi casa (2008), háblame del génesis de este libro de cuentos.

Este libro abarca un periodo muy cercano al de Roads. En ese tiempo también me recuperaba de un accidente. Por ejemplo, no podía conducir, ni hacer mucha actividad física. Estuve atrapada por meses en mi casa. Mis personajes lidiaron con todo el dolor que no podía llevar yo sola. Sin ser ninguna de las situaciones un reflejo de un momento mío en concreto, el sentimiento allí incluido fue real.

¿Qué estás escribiendo ahora?

Ahora trabajo con Elena Rubio, un personaje que protagoniza algunos de mis últimos cuentos. Ella es una detective que carece totalmente de experiencia en el área. Es una mujer que bajo los estándares de la sociedad ha fracasado pues está llegando a sus cincuenta años y se encuentra desempleada, no está casada y no tiene hijos. Sus amigos son escasos, no hay familiares cercanos que la apoyen y no tiene dinero. Su mayor afición son las baladas románticas y el alcohol. A través de este personaje me he permitido explorar el humor, construir en torno a la cotidianidad de vivir en la frontera y elaborar sobre la posible agencia de una mujer para la cual, pareciera, la suerte ya ha sido echada.

¿Qué nos depara el fin de la pandemia?

A veces me siento pesimista. Nos deparan meses de intermitente encierro. La reelaboración de algunos formatos de vida, esperando siempre por volver a los antiguos. En lo personal, guardo la esperanza de que en esas reconsideraciones de formatos, podamos avanzar en algunas batallas que antes se veían impensables (sobre todo, en lo que concierne a poder desarrollar tu trabajo de forma remota).