Hay lecturas inolvidables porque nos sentimos identificados con la historia, los protagonistas, porque nos transportan a las profundidades del alma o despiertan emociones intensas. Cuando Jean Rhys leyó Jane Eyre de Charlotte Bröntte un emoción honda se enquistó en su corazón y permaneció agazapada a la espera de saltar al vacío y llevarse a la misma Rhys entre sus brazos. 

Gwndoline Rees Wiliams nació el 24 de agosto de 1890, en Roseau, Dominica. Su padre fue el doctor William Rees Williams de Wales que emigro a las islas en 1881 y se casó con Minna Lockhart, cuya familia pertenecía a una de las cuatro generaciones de propietarios blancos criollos que años atrás habían sido propietarios de extensas plantaciones y de más de doscientos esclavos. Creció en un ambiente hostil, en una sociedad en eterna disputa y con heridas recientes provocadas por los años de esclavitud y por generaciones de amos despiadados. Rhys fue la última en nacer después de que su hermana mayor muriera cuando era muy pequeña. La actitud de la familia con la más pequeña del clan era que había nacido para sustituir a la hija perdida. Rhys lo sabía y continuamente le parecía que no formaba parte de esa familia y mucho menos de la comunidad. Encontraba rechazo en los negros y en los blancos. Creía ser una especie de impostora.

En cuanto pudo, a los dieciocho años, se mudó a Londres y se matriculó en la Royal Academy of Dramatic Art, sin embargo el acento de las islas dificultó su desempeño y tampoco demostró talento. Sus padres, conscientes de que Rhys no haría carrera en la actuación, dejaron de pagar la escuela y estancia y le pidieron que volviera a casa.

Imagino que el sólo hecho de considerar esa posibilidad debió de causarle un profundo rechazo, Rhys permaneció en Londres. La educación recibida en su tierra natal fue deficiente, no estaba habituada a trabajar; sobrevivió gracias a amantes estables y ocasionales. A los 23 años se embarazó de uno de sus clientes y casi muere luego de que le practicaran un aborto clandestino. Deprimida y agotada intentó suicidarse, pero una amiga la disuadió.

Gracias a ese evento desafortunado empezó a escribir. Poco después se comprometió con Maxwell Macartney, un reportero del Times en Londres que le permitió usar su biblioteca. Nunca se casaron porque Macartney rompió el compromiso. Y aunque Rhys quedó sumamente dolida y decepcionada, durante el tiempo que duró la relación devoró obras de autores como Joseph Conrad, Thomas Hardy, Arnold Bennett y las hermanas Bröntte entre otros.

Para aliviar la depresión y el abandono se refugió en el alcohol que consumiría durante toda su vida y que se convertiría en una arma de autodestrucción y de acicate para sus otras parejas.

Perdió un hijo que tuvo con su primer esposo Willem Lenglet y luego dejó a su segunda hija Maryvonne en instituciones de caridad, mientras ella escribía, bebía y procuraba disfrutar la vida. Un día, mientras intentaba vender reportajes de su marido que ella traducía al inglés, la editora H. Pearl Adam le pidió que le mostrara su propio trabajo y Rhys le entregó sus diarios. La mujer quedó gratamente impresionada y se los mostró a Ford Madox Ford que de inmediato la convirtió en su pupila y amante. El instinto natural de Rhys para narrar fue depurado gracias a las enseñanzas de Madox que la guió en el valor de la precisión y la economía del lenguaje.

Aunque la relación fue fructífera literariamente para Rhys también implicó humillaciones, el escritor la llevaba a fiestas como adorno y jamás la introdujo al mundo literario; la buscaba cuando la necesitaba y luego desaparecía. Procuraba manipularla y chantajearla para que accediera a un trío con su pareja estable. Al final Madox se hartó de ella y la abandonó.

Mientras su carrera literaria se afianzaba, la soledad y el sentimiento de no pertenencia aumentaban. Se separó de su marido, le dejó la custodia de la niña y se casó con el editor Leslie Tilden Smith que hacía todo lo posible por ayudarla: mecanografiaba sus textos, procuraba cuidarla en sus severas y cada vez más constantes crisis de alcoholismo, sin importar que lo humillara en público.

Tilden obtuvo un empleo que lo obligaba a viajar por Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial. La soledad y el alcoholismo de Rhys se agudizaron y fue detenida varias veces por escándalo público. Tilden decidió renunciar a su trabajo y regresar a su lado para cuidarla. Por desgracia no soportó tanta presión ante la severa crisis y la imposibilidad de obtener otro empleo, Tilden murió de un infarto en 1945 y Rhys se hundió en una sórdida depresión azuzada por la culpa. Incapaz de permanecer sola y temerosa de no poder valerse por ella misma sobre todo en la cuestión económica se casó con el primo de Tilden, Max Hammer. Los dos se sumergieron en una espiral de alcohol, depresión, soledad compartida y fracaso. Rhys dejó de escribir y renunció a cualquier pretensión literaria.

Desquitaba su coraje, frustración y depresión con los vecinos a los que agredía continuamente. Estuvo internada en un hospital psiquiátrico y la espiral destructiva se tornó cada vez más oscura e inconmensurable. 

Un día la actriz Selma vaz Dias buscó a Rhys a quien creía muerta para que le diera permiso de adaptar la novela Good Mornign, Midnight a un guión de radio. La encontró viviendo en pésimas condiciones y obtuvo el permiso, pero Rhys no mostró satisfacción o alegría y permaneció en el marasmo de miseria y desolación.

La transmisión se realizó en 1955 y de inmediato un editor le ofreció a Rhys un adelanto por su próxima novela que supuestamente estaría terminada en nueve meses que se convirtieron en nueve años. El esposo enfermo, la pobreza constante y la violenta dipsomanía la interrumpían constantemente. Por si fuera poco, su carácter se tornó extremadamente agrio, era grosera y desagradecida con la gente, hacía comentarios crueles y maltrataba física y psicológicamente a su marido cada vez más delicado de salud por la edad y los abusos.

La obra maestra

Es admirable que bajo esas condiciones haya escrito su mejor novela que habría fraguado desde hacía tantos años en las honduras de su inconsciente: Amplio mar de los sargazos. Rhys retoma al personaje más oscuro y siniestro de la novela Jane Eyre de Charlotte Brontë: Bertha, la primera esposa del señor Rochester, una mujer criolla, embrutecida, loca y alcohólica que vive durante años encerrada en una habitación de la mansión Thornfield Hall hasta que en un arrebato de desesperación le prende fuego.

La novela de Brontë representó un acontecimiento literario en 1847 cuando fue publicada. La dura crítica social no pasó desapercibida. Brontë expone el severo sistema de clases, la terribles condiciones de internados para señoritas, el absurdo respeto a los títulos nobiliarios y la dependencia de la mujer ante los hombres. Jane Eyre es una huérfana que logra salir adelante a pesar del entorno hostil sobre todo contra las mujeres pobres y sin familia. Se enamora del acaudalado señor Rochester y cuando están a punto de casarse, se hace público que el novio está casado con Bertha, una criolla procedente de Jamaica. El matrimonio, arreglado a conveniencia para que Bertha obtuviera un título y el señor Rochester una dote considerable, resultó un fracaso. Brontë retrata a la esposa, como una mujer bruta y desquiciada por la inferioridad de su raza.

Podría atestiguar sin haber estado ahí la tremenda humillación que le habrá causado este personaje a Rhys. No me cabe duda de que se sintió identificada con esta criolla que no tuvo ninguna oportunidad de un destino mejor. Rhys declaró que mientras Jane y Rochester son personajes perfilados, con claroscuros y contradictorios; Bertha es un especie de fantasma, no se le da la oportunidad de nada, es simplemente una loca, un personaje terrible que sirve como pretexto para explorar las tensiones sociales, pero no logra trastocar ni hacer una crítica como con otros temas abordados en la novela.

Jean Rhys inició la escritura de su obra maestra cuando estaba disminuida físicamente y era una alcohólica de tiempo completo. Debe haber plasmado sus propias emociones acumuladas durante años de alienación y soledad, abandono e incomprensión. En Amplio mar de los sargazos, Antoinette es una joven criolla de familia esclavista. Recién aprobada la Ley de Emancipación, Jamaica es un hervidero de odios y pasiones en el ambiente misterioso, telúrico y sensual de la propia isla. Jean Rhys aprovecha al máximo su infancia en las islas para crear un escenario de una fuerza conmovedora en el que se entrelazan la añoranza de felicidad de la infancia y la progresiva pérdida del paraíso y de la cordura. Antoinette no tiene otro anclaje que el de su tierra. Resiste, estoica, a una madre histérica y un matrimonio concertado por razones un tanto turbias. Jean Rhys narra la historia a través de dos voces: la de Antoinette que muestra su hipersensibilidad, miedos e inestabilidad emocional. Y la del marido Rochester que se lamenta de su situación en la isla, del fastidio por ser un hijo repudiado y de la compañía de una esposa demandante y misteriosa con la que desquita sus frustraciones y a la que orilla a la locura en un proceso de pérdida de identidad -le cambia el nombre a Bertha-, degradación sexual, emocional y física.

Al final, Antoinette ya convertida en Bertha está encerrada en Thornfield Hall, presa de la locura y la frustración por la pérdida absoluta de sus raíces; y prende fuego a la mansión en un acto desesperado de liberación.

En cuanto Amplio mar de los sargazos fue publicada en 1966, cuando Rhys tenía 76 años, se convirtió en un éxito de crítica y lectores. La escritora recibió premios, reconocimientos y hasta una pensión de por vida que jamás disfruto plenamente. Agotada, extraviada en sus recuerdos, con cambios de personalidad impredecibles, Rhys murió sola en 1988.