Ilustración, Daniela Villarreal Grave

El caso era simple: tenía que cuidar a Camila para asegurarme que su nueva identidad no hubiese sido descubierta por la mafia, ya que días atrás los periódicos habían revelado, cada uno de los nombres de los jefes de la mafia a los que Camila había delatado, junto a una pequeña historia sobre su trabajo como informante de la policía.

Aquella tarde hacía frío y ella llevaba un abrigo azul y bufanda blanca cuando salió de su casa para pasear al perro; regresó como de costumbre a las 4:15 y encendió la luz de la pequeña sala que podía verse desde la calle. Esperé durante horas en mi carro justo frente a su casa. Comencé a sentir un dolor de cabeza aguado acompañado de mareos y vista nublada. No era la primera vez que me ocurría; hace un par de años, varios terapeutas me trataron por “terrores nocturnos” que después le llamaron “ataques epilépticos” y al final, sonambulismo. Las dos constantes en estos episodios eran que siempre fui capaz de identificarlos por los síntomas previos y que al despertar no lograba recordar nada de lo que había hecho. Un día encontré mi ropa rasgada y manchada con sangre, como soy policía investigué sobre personas desparecidas o asesinatos, pero no coincidía con ningún caso en el momento.

El dolor se volvió más profundo traté de sostenerme lo más que pude para alcanzar el teléfono y llamar al Teniente, pero antes de lograrlo todo se oscureció. Me desperté con una llamada pero no logré contestar, seguía en el auto con dolor de cabeza y una resaca inaguantables. Respiré unos segundos, tomé el volante y pude ver mis manos llenas de sangre, toqué mi ropa y estaba húmeda, la camisa blanca era ahora de un color intenso escarlata; a un lado de mí, estaba el abrigo azul de Camila y la bufanda blanca, que ahora también, estaba teñida de muerte. Tomé el teléfono y llamé al Teniente, dijo que ya estaba en camino mi reemplazo para esa noche. Abrí la cajuela para encontrarme con una imagen espeluznante. Le dije al Teniente, sin muchos detalles, que sería mejor llamar a la familia de Camila, y prepararlos para identificar el cuerpo.