Ilustración, Daniela Villarreal Grave

24 abr. 18:39

Ayer recibí tu carta; no sé con exactitud cuándo la escribiste porque no tenía fecha, pero espero, aunque los torbellinos de la ciudad te adormezcan, sigas pensando en mí. El médico me recetó una nueva medicina, algo llamado Paroxetina, me explicó para qué sirve pero no logré poner atención, estaba viendo por la ventana de su consultorio y me distraje. Te prometo que estoy bien, ya no ha seguido mi problema; no sé si te ha dicho algo mi familia pero quiero que entiendas que estoy aquí para recuperarme. Sería bueno que intentaras responder por este medio porque las cartas tardan mucho en llegar y prefiero el correo electrónico aunque sé que no es lo tuyo.

 14 jun. 18:43

Perdón por no escribir antes, hoy leí tus cartas viejas. Estoy bien, pero no me ha ido de maravilla con la nueva medicina; una noche traté de ir a por agua y no pude caminar por los mareos, intenté sostenerme agarrando la pared pero me caí, así que tuve que arrastrarme de vuelta al cuarto y dormir en el piso; desperté sobre mis propios orines y me dio pena con las enfermeras, que al verme así me lanzaron una mirada de lástima y asco. En general todo ha ido mejorando, el Doctor dice que tal vez pronto me den de alta. Y ya en dos semanas cumpliré 1095 días con el tratamiento y sin recaer; te prometo que cuando salga las cosas van a cambiar.

29 jun. 18:41

Ayer cumplí los 1095 días; no pude escribirte porque me hicieron un gran festejo, comí pastel de frutillas, las enfermeras lo trajeron porque saben que es mi favorito; también recibí un par de cigarros de algunos compañeros; yo sé que odias que fume pero a veces eso me ayuda; espero no le cuentes al doctor. También ayer, me dejaron salir al patio por primera vez en mucho tiempo, fui hasta el extremo de la reja que da un parque y aunque encontré todo lo que me lleva a recaer, fui más fuerte que otras veces. El doctor dice que estoy mejorando desde que tengo permiso para comunicarme contigo y por eso decidió dejarme salir al patio de vez en cuando. Yo sé que a ti no te gusta esto de la tecnología y quiero que sepas que estoy bien con recibir tus cartas; seguiré escribiéndote por aquí. El médico también dijo que ha notado mucha diferencia del año pasado por el problema con los muros del hospital. ¿Recuerdas lo que te dije de las paredes, que las rayaba con pasajes de historias que inventaba? También me han prohibido leer el periódico, porque de vez en cuando tengo esto en la cabeza y de inmediato transformo mi pensamiento en otras cosas; no me enorgullece admitirlo, es difícil pero la terapia me ha servido. Lo que todavía no entiendo es tu última carta, yo sé que a veces bromeas y dices que ya no vas a escribirme, pero vuelves a contestar; yo entiendo que tal vez quieres hacerte la difícil por lo que pasó antes de que me atraparan y fuera a juicio, pero recuerda que me mandaron aquí por algo, pronto podré salir y todo volverá a ser como antes.

No creo todo lo que dices en las cartas y mucho menos lo que dijo mi mamá cuando vino a visitarme; ella insistió en que ya no quieres verme y que cada carta que mandas para decirme que deje de escribirte es real. Hasta me mintió y dijo que ya tenías una nueva pareja, que te veía feliz y que ya no responderías mis correos. Yo sé que mienten las dos para que me concentre en mi recuperación, pero quiero que sepas que todo esto que hago es por ti, para poder salir y volver a estar juntos.

17 jul. 18:47

Hoy fui al patio y creo que no volverá a pasar; dejé de tomar la medicina el 30 de junio sin que se diera cuenta el doctor, tal vez cuando revisen el cuarto encontraran todas las pastillas que he guardado. Tenía la seguridad de que esta vez sería distinto pero ayer escuché decir al doctor que yo nunca saldría de aquí, que me mienten para que no trate de escapar y que tú vas a solicitar una orden de restricción. Yo sé que miente, yo sé que sí. No, no ,no; el médico no sabe; tampoco me dio permiso de salir hoy, pero lo hice convenciendo a una enfermera, justo a esa hora en la que ellas van al parque y se aparecen como ángeles llamando a mis toscas manos; conté los pasos, uno, dos tres; no, no, no. No pisé las líneas. ¿Lo notaste? Fueron cuatro, no tres. Ya lo había pensado, la barda del hospital es relativamente pequeña y yo soy un hombre grande, fue muy fácil brincarla para salir y luego para regresar. Estoy saliendo de mi rutina. Ayer tuve un sueño en el que un animal grande, desconocido, se comía mi cabeza y pude sentir cada mordisco. Te juro que yo no quise hacerlo pero no pude evitarlo, ¿es real? El cabello de esa mujer se movía con el viento y llegaba hasta mí, un perfume a lirios y tabaco rancio, no pude contenerme, la tomé con mis manos, ella gritó, lo hacía con rabia, tuve que callar su chillido con un puñetazo, comenzó a sangrar y me molesté mucho porque ya no permanecería inmaculada para mí, quería que todo terminara pronto, pero así, con toda esa sangre no pude ni pensar en subir su falda; no pude, no lo logré. Siguió llorando, con la boca hecha pedazos; entonces la tomé del cuello y con mucha fuerza lo presioné hasta que su llanto cesó por completo, dejó de rasguñar mi ropa y sus ojos se quedaron abiertos y apagados, como dos huecos oscuros que bien podrían comerse todo el universo, sí, como dos agujeros negros, de esos que se devoran planetas y estrellas muertas. Estuve luchando con ella por un poco más de tres minutos. Sí, de tres a cinco minutos es lo que tarda una persona en morir asfixiada. Te escribo esto porque sé que mañana todo cambiará. Todavía no ha salido en las noticias, porque todos actúan normal, porque cuando el doctor lo descubra sabrá que fui yo. No te preocupes, ya no estaré en el hospital para entonces. Tal vez cuando leas esto, estaré llegando a tu casa.