Fotografia: Ari de Alba

Joaquín Cosío comenzó su carrera como actor en teatro a principios de los años 80 y ahora es miembro de la Compañía Nacional de Teatro de México. Cosío ha trabajado con directores mexicanos notables tales, como David Olguín, Antonio Castro y Luis De Tavira, así mismo, trabajó en la obra Los Baños escrita por Paul Walker y dirigida por Enrique Singer.

         Su carrera cinematográfica comenzó en el año 2000, con la película Una de dos‘, dirigida por Marcel Sisniega. En 2005, fue nominado al premio Ariel por la película Matando Cabos dirigida por Alejandro Lozano. posteriormente, trabajó en la película brasileña Segurança Nacional‘ (2010), dirigida por Roberto Carminatti.

         Joaquín Cosío también participó en El Viaje de Teo‘ (2008), de Walter Dohener, película que explora la migración de mexicanos a Estados Unidos, y en Rudo y Cursi‘ (2008), donde trabaja junto a Gael García Bernal y Diego Luna.

         Quantum of Solace‘ (2008), de la serie de James Bond, fue la primera película de Cosío en Hollywood.

         Esta entrevista se centra en la obra cinematográfica y poética de Joaquín Cosío, cáliz contemporáneo de la proyección en México, pero también charlamos de sus cómplices, en homenaje a los poetas que lo han acompañado en su labor literaria: Jorge Humberto Chávez y la institución de los taller de literatura itinerantes David Ojeda, descubridor innato de plumas regionales.

         Es honor, praxis profesional y cumplimiento del deber periodístico entrevistar a semejante artista.

Ya habían aparecido en tu vida personajes como ese Maestro de Obras, en La Habitación Azul (2002), el Tío Luis de Una de Dos (2002), el inolvidable Coronel Astorga en Sin Ton ni Sonia (2003) de Hari Sama, pero ¿todo comenzó con “El Mascarita”, aquél excéntrico luchador retirado que tenía como fiel guardaespaldas a Tony “El Caníbal” (Silverio Palacios) en Matando Cabos (2004)?

De alguna manera es un personaje que se pronuncia de manera más vistosa que los que antes mencionas, el de ‘Sin ton ni Sonia’ o ‘Una de Dos’ son personajes pequeños, pero fueron en realidad, mi ingreso a la industria del cine; es con ‘Matando Cabos’ que mi presencia se hace notar más, a través de un personaje tan simpático, que fue recibido por el publico de manera bastante amable y hasta la fecha es un personaje bastante recordado.

¿A quince años de distancia de la primera entrega, la secuela de Matando Cabos ya es un hecho?

Sí. No es una secuela como propiamente lo entendemos, porque no hay una secuencia, no hay una continuidad; aparecen los personajes pero el contexto es completamente distinto, por lo tanto no me atrevería a llamarle una secuela; es una película nueva donde los personajes del Mascarita y Tony “Caníbal” reaparecen junto con algunos personajes de la primera película. Hubo intentos muchos, de hacer secuelas y precuelas, pero obviamente levantar proyectos en cine es complicado, aún y cuando estamos hablando de ‘Lemon Films’, que es una de las productoras más importantes en materia de cine en México.

¿De qué manera estás colaborando en este guión, será tu primera participación como guionista?

La película ya se hizo. Yo no he hecho ningún trabajo como guionista, yo colaboro en la filmación, incorporo cosas cuando el director me lo permite; en ese sentido hay una aportación, pero como guionista no lo he hecho hasta este momento. La película de ‘Matando Cabos’, que tiene un nombre, aunque no sabemos si es el definitivo, que es ‘La venganza del Mascarita’, tendría que haberse estrenado este verano, pero por las cuestiones de la epidemia, está todo postergado.


¿Cuáles son las anécdotas que recuerdas de haber interpretado al General Medrano en la
Quantum of Solace (2008), y qué artículos te permitieron conservar de este personaje?

La entrada al presupuesto de las grandes ligas, de las grandes películas, ‘James Bond’ es una saga bastante legendaria y haber entrado a este universo fue apabullante, es como si un niño entrara a un parque de diversiones enorme, me dejaron entrar a este universo y el adjetivo sería asombroso; desde conocer a los demás actores, los escenarios, el vestuario, la utilería, las cadenas que utiliza Medrano son de oro real, el reloj que usa también. No, no conservé nada, porque no es una costumbre que el actor se apropie de cosas del personaje, salvo que ellos te lo regalen. A mí me hicieron una oferta para el reloj ‘Bulova’, si mal no recuerdo era un Bulova o un ‘Citizen’ que usa Medrano, me dijeron que como un gesto de la producción, Me lo ofrecían a un precio que ellos le llamaban ridículo, pero que para mí era imposible, estamos hablando de algo así como 30, 000 dólares, de un reloj que costaba tres veces más; su gesto fue muy amable pero no tuve opción para comprarlo. Sólo tengo una chamarra que usan el staff, una chamarra para el frío con el ‘007’ bordado en la parte frontal, muy discreto, pero es lo único que conservo de la película.

¿Podría haber una línea que unifique al rudo narcotraficante y al sensible escritor de versos?

La imaginación te la reviertes hacia ti mismo. La imaginación como un acto de creación que expulsas fuera de ti, pero que lo reviertes en tus propias experiencias, en tu organicidad, en tu propia emoción; es lo único en que pueden parecerse. Los dos son actos creativos que provienen de un universo emocional–personal, pero en el resultado, en la expresión artística, no se parecen en nada en lo que la gente pueda ver, sin embargo, son parte de un mismo proceso de creación, donde yo presto lo que soy, lo que pienso y lo que imagino para inventarlos.

¿Qué representa el poeta de Ciudad Juárez Jorge Humberto Chávez, ganador del Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, en tu carrera poética?

Él es, antes que otra cosa, un gran amigo mío. Es un personaje polémico pero para mí ha sido siempre una especia de guía en el mundo intelectual, yo lo conozco a él junto con otras personas muy importantes en el Taller Literario del Instituto Nacional de Bellas Artes en Ciudad Juárez (INBA), ahí lo conozco junto a David Ojeda, Miguel Ángel Chávez, Ricardo Morales y varios escritores más. Jorge Humberto era uno de los más destacados; a la par que yo empiezo mi carrera como actor, empiezo a escribir y ahí conozco a Jorge Humberto y se convierte en un amigo tanto como Miguel Ángel, sin embargo, de alguna manera Jorge Humberto ha funcionado como una especie de editor y de promotor de mi carrera literaria. Yo no soy un escritor muy profuso ni muy extenso, y de los libros que tengo, en buena medida se deben a que Jorge Humberto los ha impulsado, por lo tanto, es una amigo en mi vida personal y al mismo tiempo es mi amigo literario.

Háblame de Ciudad Negra (Universidad Autónoma de Ciudad Juárez / Bonobos, 2018), antología elaborada por Chávez, y en la que se presentan a trece poetas que han sobrevivido a Ciudad Juárez?

Es un libro que a mí me gusta, es un libro y un esfuerzo editorial importante, porque publicar no es sencillo, menos en estos tiempos. Recoge una época, una etapa, una serie de nombres que yo conozco y sobre todo, el libro generó bastante suspicacia en su publicación en Ciudad Juárez; es una antología que depende al criterio del compilador que es Jorge Humberto, recibió bastantes críticas de la comunidad juarense, donde hay una Facultad de Literatura, una carrera donde hay docentes e investigadores a quienes no les pareció la antología como tal y protestaron porque se excluyeron nombres que ellos consideraban indispensables en un reconocimiento del quehacer literario en el norte o en la ciudad de Juárez, sin embargo, a mí me parece que no hay antología que no genere polémicas, es un buen signo el que haya generado ese tipo de disertaciones; muchos jóvenes egresados, algunos bastante inteligentes escribieron al respecto, se hicieron algunas discusiones y dejaron entrever un universo literario del cuál tendríamos mucho de que hablar, por ejemplo, los jóvenes escritores no tiene donde publicar, nosotros, nuestra generación, hicimos una revista, nos preveímos; ahora no la hay, escriben en Facebook  o en redes, lo cual hace ver que algo falta, falta presencia, falta energía de esta comunidad literaria en la frontera; protestaron muchísimo por el libro y sin embargo, los nombres que están ahí siempre han estado presentes haciendo cosas, también se menciono que no hay mujeres, en fin, es el criterio que últimamente ha prosperado, que ahora las publicaciones o la obra artística también tiene que ser de una forma políticamente correcta. No creo que la obra artística tenga que pagar cuotas.

¿Cuál es el mayor recuerdo que conservas del escritor David Ojeda (1950-2016), autor de Los Testigos de Madigan (1995), quien fuera coordinador de talleres literarios en Zacatecas, León, Monterrey, Aguascalientes y Ciudad Juárez?

Tengo muchos, en primer lugar la imagen de un escritor profesional, un escritor de carrera, un intelectual que se dedica a ello. Yo junto con muchos de la generación del taller literario del INBA en Ciudad Juárez, pues éramos jóvenes imberbes con una cultura hasta la fecha no tan amplia, tan basta como se pueda requerir; mi trabajo como escritor era incipiente, mi conocimiento de la literatura como tal también; de pronto David Ojeda aparece como ese gran jefe literario que llega y convoca y que genera una manera de entender y de asumir el quehacer literario. Yo lo recuerdo como un personaje distinguido, era un hombre de una presencia bastante fuerte, de un conocimiento que a mí en ese tiempo me impresionaba, a la par que mis otros compañeros. Los destinos de todos nosotros han sido variados, unos siguieron la carrera literaria como tal, yo resulté actor aunque escribo y tengo una carrera literaria relativamente corta, pero los recuerdos que yo tengo es de ese personaje fuerte y al mismo tiempo cosmopolita, llegaba bien vestido, con sombreros, y nos abría la percepción, al menos a personajes como yo; un hombre que había llegado de Nayarit, que había tenido una infancia muy religiosa, en fin, había un universo impresionante: el mundo, el arte, la belleza, la discusión, la crítica; tengo un momento particular, que es cuando él se entera que yo hago teatro –de hecho lo invité a ver varias obras de teatro–, pero un momento inolvidable que tuve con él es cuando de manera muy solemne me habla y me dice: “bueno Joaquín, pues tienes que elegir la escritura o el teatro”. Con el tiempo se vuelve un amigo mío, de mis mejores amigos, muy querido, nos frecuentábamos; lo vi pocos días antes de morir y él reconoció con el tiempo que había sido demasiado exigente, demasiado drástico al ponerme en ese discernimiento, es decir o haces teatro o haces literatura. Ese momento no lo voy a olvidar porque fue muy fuerte, me movió y me cimbró. A la fecha claramente mi trabajo profesional es de actuación, pero sigo escribiendo, con el tiempo lo dijo, creo que no tenía demasiada razón en haberte exigido una definición; ese momento es importante, al igual que cuando me dio la bienvenida al taller literario, ese momento lo recuerdo como uno de los más felices de mi adolescencia postrera, cuando tenía yo cerca de 18 años, me da la bienvenida Ojeda, me lo dice después de leer mis textos, porque no todo mundo entraba al taller, había una selección de quienes llegaban con sus textos y el maestro decía, “creo que puedes entrar” o decía “no creo que haya mucho que hacer”. Yo fui aceptado, esos momentos en particular, los recuerdo con mucha claridad.

¿De qué manera ha cambiado tu poética desde Conversando otra Voz (1990) hasta Bala por mí el cordero que me olvida (2011), pasando por Mujeres de la Brisa (1991).

Vivir en Ciudad Juárez era vivir en un mundo lleno de intensidad, era vivir mi adultez primera, mis primeras experiencias al dejar la adolescencia y pasar a ser adulto; esa poesía está llena de esas impresiones. Mis libros hablan mucho de Juárez y hablan de aquello que yo viví en ese tiempo, la experiencia femenina por ejemplo, las mujeres están ahí, están ahí los feminicidios también, porque en ese momento no era el tema en el que se ha convertido hoy, que ya forman parte incluso de las agendas de los políticos, en ese momento era un fenómeno casi exclusivo o de tales dimensiones que era imposible no verlo; mi poesía de ese momento tiene eso. Ha cambiado porque mi vida ha cambiado, mi vida ha sido distinta, dejé la ciudad, dejé Ciudad Juárez, vivo en la Ciudad de México, ahora vivo en Estados Unidos de pronto, la vida con mi experiencia como actor me ha llevado a otras costumbres de otra intensidad, en ese sentido, creo yo que mi experiencia como poeta ha cambiado en esa temática, la mujer sigue apareciendo, el amor, pero creo yo que esa mecánica de sorpresa y asombro ante la vida ha cambiado bastante.

Fotografia: Ari de Alba

¿Escribirás más teatro, además de la obra Tomóchic: el día que se acabó el mundo?

La literatura dramática la dejé después de haber publicado ese texto. Lo escribí cuando trabajaba con mi compañía, con mi grupo teatral, y lo escribí con mucha audacia, tal vez con la audacia necesaria con que se hacen las grandes empresas, con bastante inocencia y con bastante candor; simplemente estábamos revisando qué hacer en nuestro grupo de teatro, cuál era nuestro siguiente proyecto, alguien dijo: “se van a cumplir 100 años de los sucesos de Tomóchic, ¿qué les parece si hacemos algo al respecto?”, platicamos, leímos y yo dije de pronto: “yo escribo la obra”, de una manera bastante audaz; y yo la escribí, pedí colaboración de todos, algunos llevaron cositas, otros una página, alguna de ellos llevó una escena y yo intenté incorporar todas las propuestas; después hubo ahí un conflicto con un joven que ahora es dramaturgo, ya que él reclamaba que había escrito una escena de esa obra original, yo quité esa escena, escribí otra para que no hubiera ese tipo de conflictos y luego lo mandé al premio Chihuahua y se gana el premio de literatura. Cuando ya tuve conciencia, como suele pasar, cuando tuve conciencia del hecho y quise estudiar dramaturgia y tuve talleres con Víctor Hugo Rascón Banda Jesús González Dávila –en aquél momento los dramaturgos en boga, protagonistas de lo que se llamó la nueva dramaturgia en México, hijos creativos de Vicente Leñero–, cuando comencé a tomar esos talleres me di cuenta que no tenía nada que hacer, me paralicé y ya no he vuelto a escribir nada, ni he pretendido hacer ninguna obra teatral, porque es muy difícil, francamente.

¿Se ha convertido en un lastre para Joaquín Cosio “El Cochiloco”, o sólo es un laurel más?

Es un personaje que quiero, que anda conmigo casi todo el tiempo, camina conmigo cuando ando por las calles, anda conmigo en el carro, la gente lo ve y lo saluda; en ese sentido, es una especie de amigo que en ocasiones llega a ser incómodo, porque es un amigo que no me abandona y no se separa, que ya de repente le quieres decir “quítate, vete a tu casa, déjame en paz un momento”, sin embargo, no deja de ser alguien a quien le debo muchísimo y por lo tanto, le tengo un cariño particular, porque ese personaje existe en el pensamiento de la gente, en el registro del gran público y que lo reconozcan y lo vean en la calle y lo saluden, y que eso haya crecido con los diez años que tiene la película, es sin duda algo meritorio que yo tengo que agradecer.

¿Por qué aceptar un papel en Spider-Man: un nuevo universo (2018), dándole voz al Escorpión?

Pues porque no había por qué negarse, todo lo contrario. Recibo una invitación, no es para doblar la voz, es para la película original de ‘Spider-man’, me hablan de manera personal y me piden que yo haga la voz del Escorpión. Para mí también significa un reconocimiento de la gran industria del cine, acerca de uno de mis trabajos; de inmediato lo hice y hasta la fecha lo celebro, soy un actor que está dentro de una película que ganó el Oscar, eso no es común.

¿Pudiste tomarte unos tragos con Johnny Deep durante el rodaje de El Llanero Solitario (2013)?

No, no se pudo. No lo intenté tampoco, en las ocasiones en las que he trabajado con grandes figuras, no me ha gustado incomodar; yo sé lo que significa que te pidan fotografías y en un set estás trabajando, es algo que agradeces mucho, a estas enormes figuras con las que he podido coincidir, en el set se les olvida que son estrellas y por lo tanto se respeta muchísimo. En ese momento Jhonny Deep era la súper estrella, todavía lo es, pero en ese entonces más, y tenía un cuerpo de seguridad muy complicado, muy numeroso, por lo tanto en particular con él no; tal vez te pueda hablar de Benicio del Toro, que con él sí cenamos, nos fuimos a tomar unos tragos, fui a su casa y pude constatar que es un extraordinario actor; para mí es uno de los mejores que hay; con él sí tuve una relación distinta, sobre todo porque es latino y tiene otro tipo de sangre y otro tipo de percepción de la relación con los demás compañeros. La experiencia con Benicio fue extraordinaria.

Fotografia: Ari de Alba

¿Qué fue lo que pasó con Rambo V (Last Blood)?

En ‘Rambo’ pasaron toda una serie de conflictos: en primer lugar, yo no quería hacer Rambo, por varias razones, a mí no me gusta cuando las productoras extranjeras vienen a México a hacer cine, porque en realidad, me parece una cuestión de ahorro económico, no andan buscando el talento local, buscan ahorrar dinero. Yo prefiero que me ubiquen y me localicen como un actor sin nacionalidad, como justamente es importante que hayan hablado de Spider-man, no voy como el mexicano; por eso, películas como ‘Rambo’ que se trataba del mítico personaje enfrentándose a narcos mexicanos; dije yo no quiero salir de narco para que me mate Rambo de a veinte balazos, que yo le dispare con una ametralladora y no le haga ningún rasguño; no me interesaba y así lo manifesté, sin embargo, la solicitud fue muy amable y finalmente accedí, el personaje resultaba más o menos interesante; de pronto, ya habiendo filmado el contrato, me cambian el personaje, directamente el Sr. Stallone y me dan otro que era bastante menor en todo sentido, en su participación, en la importancia, en el dibujo del personaje; dije yo no voy a hacer esto, porque mi contrato especifica otro personaje y por lo tanto estoy en todo mi derecho de no filmar la película, así lo hice, no participé en ‘Rambo’. Sin embargo, el director de la película, amigo mío (Adrián Grunberg), que trabajamos en ‘Narcos’, la serie, me pidió de favor que le hiciera una voz, y salí, presté la voz a un personaje y finalmente apareció el crédito.