Corría el año 2001, comienzos de un nuevo siglo, un nuevo milenio el futuro parecía brillante y prometedor aunque esto no nos quitara el sueño en el momento, la vida transcurría entre sonidos de bombo y caja, liricas escritas, paredes violadas con firmas y colores, baggy pants, rojo negro y verde y palabras como cultura, movimiento, unidad y lo real llenaban nuestro vocabulario, poco a poco sin pensarlo nació, creció y se reprodujo una semilla de un árbol hoy globalizado que algunos suelen llamar Cultura HipHop.

En Venezuela a diferencia de México y otros países de la región el HipHop llegó bastante tarde, apenas en 1998 sale a la calle “Codigo Demente” de la Corte primer disco de rap producido en el país, hecho que se considera el punto de nacimiento de la cultura Hiphop venezolana, pero esta ya es otra historia. Lo cierto es que en tiempos donde el internet no era el gran hermano omnipresente que es hoy, en el que apenas existían unos pocos sites para descargar música, sin youtube, ni mucho menos, Spotify, el acceso a la música era mucho más limitado, las vías para descubrir nueva música eran más interpersonales, intercambiando con los amigos, por ejemplo. Una de las principales fuentes de conocimiento eran las revistas que llegaban del extranjero, Estados Unidos o España.

En algún momento de ese  primer año del siglo XXI, la  edición mensual  de la revista Hiphop Nation,  prácticamente la biblia del rap en español, traía incluido un cd recopilatorio con distintos artistas de la península, en el que destacaba el tema babilonia, una oda a la reflexión y la toma de conciencia  ante las paradojas del mundo moderno, un grito antisistema, en la voz rasgada y contundente de un joven Mc madrileño conocido con el nombre de Morodo quien al mejor estilo ragga  escupía magistralmente su mensaje sobre una pista de rap, era quizás la primera vez que se escuchaba en la lengua de cervantes una mezcla tan perfecta del reggae y el HipHop, movimientos, géneros, culturas que aun siendo  hermanas ( desde el comienzo, desde Kool Herc)no solían estar tan relacionados. Y esto maravillo muchos, Morodo comenzó a tener una legión de seguidores, que crecería con el Lanzamiento de “Ozmlstayl” su primer disco en solitario y las colaboraciones con Souchi,el Maese KDS y Dahani.

Casi 20 años han pasado desde entonces y Morodo es considerado el mayor referente del reggae de España, gracias a 6 larga duraciones, giras por Europa y Latinoamerica, incontables presentaciones y festivales y por supuesto mucha constancia. En plena pandemia global rompe el silencio después de 6 años con un disco que hace tributo a su nombre “LUZ” en el que demuestra el fulgor de sus líricas, cargadas de emotividad, mensajes en introspecciones que relatan poco a poco el universo interior de este artista, Haciendo de ellas poemas de protesta, su propia emancipación, el amor, la vida, la familia y sin dejar por fuera, cantos a la naturaleza del indica/sativa.

Es notable la necesidad de Morodo al hablar de la unión, del perdón y la reconciliación fraternal, con el track “Hermano” una oda a la familia, a sus raíces que lo hicieron crecer, a aquellos que le dieron un ritmo. Una pandereta confiesa la reconciliación, la fuerza que fluye entre una prosa y la otra, un sentimiento sobre el atril y la revelación hacen de este un tema especial y simbólico.

Si algo ha sabido hacer el Binghi Man durante su carrera, es el equilibrio entre el rap y el reggae, una amalgama que lleva su nombre escrito y así lo demuestra con “N.W.O” junto Toteking un track que te recuerda una escuela real, fuerte e incesante. Lanzando palabras en contra de la Babilonia Europea, de los estados monarcas y corruptos. Un himno que se manifiesta con el puño arriba.

20 años no son nada, dice la canción, aunque en el caso de Morodo le han servido para hacerse un nombre, un camino, una voz.