Patricia Highsmith es una escritora excepcional y fuera de serie, creadora de personajes marginales y siniestros. Uno de sus sellos distintivos es sin duda la ambivalencia. Sus personajes nunca son totalmente buenos ni malos y sus tramas con frecuencia dan giros inesperados en los que las víctimas se pueden convertir en verdugos y viceversa. Busca la polémica y le atrae especialmente la ambigüedad moral: sus héroes suelen ser personajes turbios y ambiguos que explotan la hipocresía social para ascender socialmente. En su famosa saga de Mr. Ripley, éste tiene la capacidad de mutar en otras personas, en ser siempre uno distinto de tal forma que nunca sabemos quién es en realidad. Todos somos un poco así. A veces nos comportamos como la sociedad o los padres o alguna autoridad espera; pero en el fondo quizá nunca nos comportamos como en realidad quisiéramos. El original mundo que crea en sus narraciones es claustrofóbico, asfixiante, peligroso y fascinante.

La última novela de la señora Highsmith es seguramente de las menos populares. Small g. Un idilio de verano está ubicada en Zurich y aunque inicia con el asesinato de un joven en una calle oscura para quitarle sus pertenencias, el incidente no tiene mayor desarrollo. No se trata de una novela policiaca, no habrá persecución ni asesino que atrapar. Sin embargo la atmósfera es opresiva y la trama está llena de cuestionamientos morales y búsqueda de la personalidad.

La señora Highsmith retrata a un grupo de gays en la década de los ochenta en Zurich. El lugar de encuentro es el café Jakob’s que en las guías de viaje aparece identificado con un a “g”  minúscula que indica que se trata de un lugar de encuentro gay pero no exclusivamente. Ahí ocurre un desfile de personajes, enamoramientos, disputas,  encuentros, diversión, drama y amistad.   

Ricky es un exitoso diseñador de publicidad cincuentón que se rodea de personajes extravagantes y divertidos. Entabla amistad con Luisa, una joven aprendiz de costurera que vive con su jefa Renate, una mujer controladora, egoísta y homofóbica.  Renate se comporta como si Luisa fuera de su propiedad. No le permite hacer amistades, mucho menos tener pareja, le prohíbe llamadas telefónicas y prácticamente no la deja salir del departamento. Renate es una mujer madura, elegante, sórdida, de personalidad asfixiante y tiene un defecto en un pie que la hace cojear y usar un zapato con plataforma. Luisa es una joven que ha huido de casa y de un padre violador. El agradecimiento le impide rebelarse contra las arbitrariedades de su salvadora. Sin embargo poco a poco se relaciona con Ricky y sus amistades homosexuales que escandalizan a Renate que quizá es una lesbiana de clóset. Además conoce a Teddy y a Dorrie. La ambivalencia de Luisa es tal que cede al cariño que él y ella le ofrecen sin decidirse por ninguno.

La señora Highsmith era sumamente disciplinada y aunque empezaba su día con cerveza y lo continuaba con whisky, siempre entregaba a tiempo y cumplía con sus compromisos. A inicios de los noventa, mientras escribía esta novela, su salud estaba muy deteriorada, padecía una anemia aguda –casi no comía- y tenía pequeños tumores en el pulmón. Su frágil estado de salud impedía que se sometiera a radio o quimioterapia. El alcohol ya no funcionaba como catalizador de emociones y estaba perpetuamente deprimida. Años atrás decidió vivir sola y a pesar de que tuvo varias parejas, las relaciones nunca duraron mucho y con el tiempo se acentúo su misantropía.

Aunque en efecto esta novela no es la más lograda y algunos críticos consideran que no estaba terminada, sí reúne los temas que más le interesaban a la escritora. Propone una atmósfera oscura a pesar de las muchas fiestas que ocurren y el lector tiene la sensación de que algo funesto está a punto de suceder sin que llegue el momento. Quizá la parte más importante es precisamente cuando Luisa al fin logra liberarse de Renate y vivir una vida plena e independiente que no había experimentado nunca. Me pregunto si con esta novela quiso liberarse por medio de la ficción de las reservas con las que vivió. Quienes la conocieron coinciden en su carácter reservado y hasta hostil.

En esta novela se alejó del género que tantas satisfacciones le brindó e incluso se podría catalogar en el género romántico. Jean-Etienne Cohen-Séat, entonces director de la prestigiosa editorial francesa Calmann-Lévy dijo: “No hay duda de que muchos lectores estarán encantados con este acercamiento moderno a los temas eternos como la compulsión humana por el placer y el sufrimiento derivado de la sexualidad, el amor, la amistad y la vida social”. De hecho la sensación constante que uno experimenta al leer la novela es que la felicidad es precaria y por lo tanto hay que disfrutarla intensamente durante los mínimos instantes en que aparece.

La señora Highsmith firmo contrato de publicación con la editorial inglesa Bloomsbury en cuanto la novela estuvo terminada. En cambio la editorial de Estados Unidos rechazó la novela porque no se inscribía en el género que la señora Highsmith manejaba. Nada raro. Mientras en Europa la escritora era reconocida y celebrada, en Estados Unidos sus libros no vendían tanto y en general sus ambiguos personajes resultaban aversivo para una sociedad conservadora e hipócrita.

Consciente de que le quedaba poco tiempo de vida, le ofreció sus documentos literarios a la Harry Ransom Humanities Research Center de la Universidad de Texas en Austin, que le ofrecieron 26,000 dólares. Una decepción más para la señora Highsmith que consideró el ofrecimiento un insulto. De modo que los diarios, dibujos, diagramas y demás material literario se encuentra en el Swiss Literarry Archives en Berne. Por ellos obtuvo la cantidad de 150,000 de francos suizos que donó a la residencia para artistas Yaddo en Nueva York donde pasó una estancia al inicio de su carrera.

A inicios de 1995, Patricia Highsmith sufrió un deterioro acelerado en su salud, vomitaba sangre, estaba extremadamente delgada y débil. Sus amigos solían hacer guardias para cuidarla, pero la señora Highsmith prefería estar sola e insistía, luego de un rato, para que se marcharan.  De modo que murió sola el 4 de febrero de 1995.

Una semana después de su muerte, su último libro empezó a circular en librerías. Las reacciones a favor y en contra no se hicieron esperar.

El crítico Craig Brown dijo que con Small g uno tiene la sensación, aunque no es una novela muy buena, de que la autora llegó a un punto en el que experimentó algo parecido a la felicidad. Lorna Sage en The Observer opinó que los personajes representan una generación dorada de hombres y mujeres que deciden su destino. Y William Trevor del Independent Sunday la calificó como un cuento de hadas transgresor.

Para otros, la novela fue considerada menor y hasta declararon que quizá hubiera sido mejor no publicarla. Para James Campbell del Times Literary Supplement Patricia Highsmith se reconcilió con sus demonios y el bien triunfó sobre el mal, lo cual es desastroso para sus lectores. En el Sunday Telegraph lamentaron que la novela fuera un triste epitafio para una gran escritora.

La última novela de Patricia Highsmith muestra quizá su lado más humano, ése que siempre mantuvo oculto para los demás. Veo rasgos de su personalidad en Ricky, Luisa, Renata y en menor medida en el resto de los personajes. Pero sobre todo observo una trama que se desenreda en cada página y a pesar de que esperaba un final funesto, resulta un cierre optimista, liberador. Quizá la muerte que la rondaba le dio la oportunidad de liberarse de sus múltiples contradicciones y ocultamientos.

La nominada al Premio Nobel en 1991, escribió en su diario:

“There’s no moral to my life – I have none –except:

Stand up and take it

The rest is sentiment.”