Simbolismos, transfiguraciones, elementos, colores promovidos por el canto, por la iconografía de la naturaleza, por las memorias presentes de una promesa; son lenguajes de Tyna Ros, una artista que se encarna de campo, de viajes que cargan manuales de paz, que persiguen la libertad, los ojos de los pétalos, los tallos del cuerpo, las orillas de una soledad pintada de girasoles.

Las pulsaciones de Tyna Ros dan vida al country, al bluegrass, al folk; se desliza entre estos para incendiar con sangre una pasión olor incienso. Las percepciones de su propuesta musical se van estambrando con pelajes de un lobo gris que, por cada minuto escuchado, la alegoría, el sol, las aguas dulces, se convierten en una personificación nocturna, en una acción con categoría de misticismo absoluto.

Llegamos juntos a esta recomendación musical con el aplazamiento de redescubrir los sueños, con el nacimiento afiliado a las sonrisas de una mujer con código propio. Con el amarillo de una luz que bebe con rugido al amor. El encuentro con su música será una invencible experiencia, una amotinada sensación de sentimientos, un aviso de aullido a las venas y a la caricia conciliadora.

El poema sonoro está abierto, radiante, silencioso, redentor, abanderado por palabras que exudan canción, composición, melodía, sonoridad, ritmo, magia. Tyna Ros: el espejo del campo está en la mirada de tu música, en la esencia sobrenatural de tus piezas florales.