Escuché un día la portadora voz de Jason Joshua en una envolvente fila de minutos deseando que no finalizarán; con sonido idílico, con el lenguaje de los silencios, con una estallada arma que es la música, así se presentó Joshua & The Beholders. La veladora estaba prendida en las paredes del mundo, la mecha danzaba al ritmo del alma, del soul, de los ritmos rojos del rhythm and blues. Escuchar sus melodías sin vigencia, son una invitación a florecer en la imperfección, en la aceptación de la otra belleza, en la furia del sol, en la misión del peligro que sacude la psicodélica percepción. Parece que va agachando su voz para aconsejarle a la tierra que el dolor ha huido. Parece que rasga las costillas de la vida para así contar historias instrumentales, sonoras, con rostros que fuman madrugada, cigarros de noche, besos de colores.

Jason Joshua & The Beholders, circula en los engranes de una ciudad con la oración del corazón, se monta en la firmeza del acero para resbalarse en la lluvia citadina. Cuenta historias, disposiciones del amor, concluye, abre, reposa futuros, exige sueños, expulsa tempestades y crea emociones ante el tribunal de los cielos. “Evangeline” es una apuesta, un abrazo desenfundado al pecho de la experiencia, a la tentación de aspirar nuevos testimonios. La sonoridad de The Beholders es un diluvio para refugiarse anónimamente de los alargados días; llegas a sus notas musicales para enconderte, para subir el rostro y amontonar recuerdos. Llegamos hoy ante una recomendación musical sobrenatural, exigiéndole a la historia reabrirse para contarle de este naipe puertorriqueño.

Jason Joshua: la ventana está abierta, toma los sueños y enrédate en los sentidos.