Hasta en los momentos más oscuros siempre hay una luz tenue que envuelve y muestra la esencia de un nuevo renacer. Un amanecer lleno de matices, de sensaciones y emociones que desvisten, desnudan y adornan la fibra humana.

Cada célula de nuestro cuerpo tiene un porqué, tienen un motivo inexplicable, están allí para recordarnos las lecciones aprendidas, para darnos un himno si así se quiere ver, para encantarnos con un decálogo increíble.

Una oda personal e intrapersonal a los creadores de cadencias inmortales, de eso que los adoradores de clasificaciones y etiquetas engloban con el estereotípico nombre de Black Music, explorando y hurgando en géneros como el Blues, el Soul, Funk, Jazz , Hiphop, Reggae, Afrobeat y hasta lo más perfecto del rock.

Nos adentramos en un espectro musical que ha sido motivo de críticas por ser un sonido diferente, de aquellos que usaron el corazón como un compás para componer, canciones que elevan el espíritu, unen las almas rotas y que dicen adiós entre melodías que se ahogan en los recuerdos.

Los discos que suenan una y otra vez, esos mismos que han sido parte de nuestro crecimiento. Son la razón de nuestras pasiones, del espíritu que arde en el bajo y se despoja sobre las teclas de un piano. Pasea entre los coros y nada entre los mares de la música que nos ha hecho renacer una y otra vez.

Una columna en la que se desempolva lo que sigue sonando, sin fecha de vencimiento, la inmortalidad de las voces, de las letras y de los sonidos que hoy nos inspiran.

Para leernos, para encontrarnos y para identificarnos con: Los Ecos del Groove.                                      

Daniela Alayeto – Otto Pereda