Seguramente te observé en alguna foto y pude admirar tu galanura de hombre maduro, pero toda esa moralidad que cubre nuestras vidas llega a sofocar los deseos, los instintos más primarios. Entonces te vi y ya no era a través de una fotografía la cual no expresaba tu sensualidad en su esplendor. Pude observar tus rasgos varoniles, tu piel blanca y ojos azul ártico, hechizantes.

Mis sueños libidinosos atraviesan mis pupilas lo expresó mi mirada cuando te vi la primera vez, de observe de arriba a abajo, tu cabello alborotado rubio, yo estaba sentada en una banca y ahora tú me observabas, te excitaba ser visto así; acto seguido abrí mis piernas, tanto que viste el encaje de mis bragas.

Mi boca mi cuerpo gritaba silenciosamente:  cógeme por donde quieras, por donde sientas más placer, de todos  modos en mis rincones húmedos fuego tengo,  Me levantaste y con esa fuerza viril; tú me agarraste por atrás y empezaste a recorrer tus manos por mi cuerpo y empezaste a acercar tu cuerpo al mío; a la vez que me besabas de manera ardiente empujando adentro fuerte, arriba, abajo como hurgando algo adentro de mi. Te decía: remuévela como te plazca hasta darnos gusto…y así lo hiciste. “Abre bien tus muslos quiero ver tu coño lubricando mi placer, me gusta que seas solo mía, la que sabe cómo satisfacerme”. Esas palabras surtido tal efecto en mí que sentí un calor que me sacudía, una descarga explosiva de tensiones y tú, derramado en mi.