Mercedes Sosa es el canto reflexivo, la cantora que administra emociones, asociaciones, abstracciones rítmicas, exclamaciones, colores corporizados, descripciones, onirismos, técnicas, matices, alocuciones; no podemos imaginar una América Latina sin ella, sin la ruta de nuevos oráculos que aparecen en cada canción como fuego de nacimiento. Sus letras son sagrados himnos de salvación y protesta, son una reflexión de tierra y campo, no son ausencia de sensación, sino una graduación de la sensación. Canciones afines a un sacudimiento de percepciones que produce una mano y una palma olor a madre educación.

Mercedes Sosa es el folclor acariciante sin margen ni medida, sin provincia ni orilla de frontera. Ella, La Mamá Grande, figura la respuesta, la obtención del resultado y la naufragada pregunta, no corre la carrera sin voluntad de cosecha; interpreta el sonido de la caña, la esencia del maíz, la semilla nativa con voz de guardia y de defensa. Sus cancioneros son conciencias que buscan restaurar una fe en pro de un nuevo despertar. Son manifiestos o fundamentos orientados al camino de la integración social, étnica e igualitaria por medio de la música popular sin color de bandera.

 Amar, encontrar y devolver: luces y secuencias de su pensamiento, voz y canción. La fuerza de su cantar tan cerca del corazón de dios que revela secretos hasta del último pedacito de mundo, revela hasta las derrotas para renovarlas por sueños irrepetibles. Mercedes Sosa es el paraguas de la paz, el diámetro entre la carne, el hueso y la trascendencia; es la danza con movimiento de lluvia, la raíz del espíritu anclada al lenguaje latino, el homenaje grabado del universo, la fuente del árbol donde nace la vida, la ida y el regreso, la corriente que refleja a todos los seres. La Voz de la Tierra será todos los géneros musicales, todo el registro de ilusión, toda estrella con destino de raza. 

¿A cuántos grados estás tú?