Miles Davis no inventó el jazz, eso lo sabemos todos, ese género  musical caracterizado  por permitir a sus ejecutantes la posibilidad de conseguir el equilibrio entre la técnica y el sentimiento, el punto exacto en el que la ejecución musical y la expresión del alma del músico se abrazan y se entrelazan, ya era bastante popular cuando el joven trompetista nacido en Alton, Illinois y criado en Saint Louis empezó a destacar.

 Tampoco nos atreveríamos a decir que Davis ha sido el más grande jazzistas de la historia y esto evitamos decirlo más por respeto a Bird, Satchmo, Dizzie, Thelonious o Coltrane, que por ser o no cierto, aunque tampoco lo desmentiríamos.

Lo que sí es seguro, es que Miles Dewey Davis III nos regaló una carrera brillante y prolija, que nos maravilla con cada una de sus producciones musicales, pero que en dos ocasiones en especial nos deja sin palabras, sin aliento y sin verbo. Primero con “Kind of Blue” y luego, como una perfecta estocada nos obsequia “Bitches Brew”, dos obras maestras que perduran en el tiempo. Perfectos y memorables. Para los entendidos, el alfa y omega del jazz de la segunda mitad del siglo XX.

 “Kind of Blue” de 1959, cuyo concepto original buscaba tomar un blues o balada estándar e improvisar una melodía completamente nueva basada en sus cambios de acordes. Esto en sí mismo no era nada nuevo. Pero Miles y su quinteto lo llevaron a un nuevo nivel, extendiendo los acordes a patrones casi inalcanzables, tocándolos en frases precipitadas y sincopadas, con tempos vertiginosos y el resultado es un disco tan romántico como lleno de melancolía. Un suspiro que se divide en 5 tracks, llenando cada uno de los sentidos. Cómo los amantes conjugando el verbo físico, del romance que no empalaga, más bien, embriaga y te lleva por la marea de su pentagrama, tan impecable que hoy en día, al escucharlo lo redescubres una y otra vez, como si fuese piel, los labios de quien amas y sin darte cuenta, te enamoras de Miles… Nuevamente

Bitches Brew,  el álbum doble lanzado hace exactamente 50 años ( 30 de marzo de 1970) sale justo en el momento en que el rock se había apoderado de las tarimas, de la radio y de los oyentes para convertirse en un disco  fundamental que alteró la trayectoria de la música que conocíamos ( Sí ,Miles lo hizo de nuevo) y el jazz cambió, se metió con los límites del funk y llevó el rock a nuevas alturas de exploración, una vorágine experimental con  multinstrumentistas tocando al mismo tiempo, retrasos, cámaras de reverberación y efectos de eco, ritmos hipnóticos, arraigados en el rock y la música africana, sonidos más allá del funk y del rock progresivo. Un disco de Jazz que es considerado la obra maestra del rock psicodélico, paradójico pero cierto. Simplemente esas cosas que solo los genios logran.

La fuerza y densidad de Bitches Brew no solo le ganó a Miles una audiencia mayor, convirtiéndose en el héroe de una nueva generación, sino que también dividió a su público en dos grupos, los puristas y fieles amantes del jazz que amaban “Kind of Blue” y los más jóvenes devotos de su “época eléctrica”. Cada lado mirando esta nueva música desde perspectivas totalmente diferentes y aparentemente irrefrenables. Iniciando una discusión que hasta el día de hoy se mantiene vigente: ¿Cuál de las obras maestras de Miles es la más perfecta?  ¿El amor sublime de Kind of Blue y el alma de Cannonball Adderley, John Coltrane y Paul Chambers o la fuerza trascendental de Bitches Brew con Chick Corea,Wayne Shorter o John Mclaughlin?

Lo cierto es que el trompetista fue un genio musical tan extraordinario que se hace indeleble en dos discos, ajenos uno del otro, para así reinventarse como camaleón, el mago de la trompeta, el imborrable Miles Davis.