«¡Hay un hombre con falda en el baño!»

En el baño del Mc Donalds ella lava sus manos. No quiere mirarse al espejo del lavabo, prefiere mirar hacia atrás con el espejo retrovisor que siempre la acompaña. Se da cuenta de la señora que la observa desde su lado izquierdo. Esta le toma una foto. El sonido del agua que sale del lavamanos no deja que Alicia escuche el disparo de la cámara del celular.

La señora sale del baño. Marca al número de la policía y al tiempo alarma a todo el mundo en el restaurante: «¡Hay un hombre con falda en el baño!»

Neulisa escucha la conmoción por fuera del baño, mientras tanto se acomoda sus pantimedias rotas, toma su pañuelo viejo que le cubre el cabello alborotado con el que se limpia la mugre de la cara. Vuelve a cubrir su cabello. Toma el espejo retrovisor y lo guarda en la bolsa donde carga todas sus cosas, que son muy pocas. Sale del baño, la incertidumbre de siempre: el miedo.

Silencio. Mira hacia abajo. Todos la miran. Ella se acomoda en una mesa, justo la que queda junto a la entrada del baño. Toman fotos, suenan los disparos de las cámaras. Ella ignora, ya está acostumbrada.

Su cabello rebelde, como su cuerpo, le cubre la cara. La gente que está en el restaurante no se da cuenta de la situación hasta que llega la policía.

En ese momento ya se comienzan a compartir las fotos de ella -él, para los que no entendían-  por Facebook, historias de WhatsApp e Instagram, escriben: “¿Qué hace este desgraciado vestido de mujer aquí?”, “Es un riesgo para los niños”.

Tan pronto entra la policía la gente se inquieta, las personas que estan cerca de Alicia se levantan como si hubiese llegado su salvador, se acercan a los uniformados a comentarles la situación. Los uniformados escuchan a los clientes inconformes y luego, sigilosos, se acercan a la muchacha que mira, cabizbaja, sus piernas.

«Puede irse». Es lo único que le dicen los uniformados. Sale del Mc Donalds, todos en el restaurante la miran alejarse.

A un kilómetro del restaurante, por la carretera, Neulisa saca el espejo retrovisor y ve a la patrulla de los policías salir del Mc Donalds, no van rápido, 30 kilómetros por hora.

«¿será que me están cuidando?»

***

A las 7:00 p.m. circula un video en redes. Se bajan de un vehículo, dos o tres hombres, caminan el cemento de la carretera hacia una zona cubierta de árboles, allí se observa una tienda de lona, sucia y rasgada. Algo, alguien se mueve ¿Alicia, Neulisa?

«Mira, la loca» dice uno de los hombres y otro lo corrige «el loco, el loco…»

Se acercan.

Lo siente, es como si la sangre se congelara antes de tiempo.

«Vamos a entrarte a tiros», se le oye decir al primero. Y el segundo también amenaza.

Saca su espejo, mira.

No, no la estaban cuidando.

Su destino no fue el trabajo sexual, no fue secuestrada para trata de personas, tampoco un crimen pasional.

Suenan los disparos.

Mataron a Alexa, no a un hombre con falda.