La felicidad es una flor que pocos sabemos cuidar,

con los pies enterrados en el lodo resplandece dentro de nosotros,

hermosa aventura llena de polvo, la felicidad con la boca abierta me hacerme reír cuando más lo necesito,

cuando me encuentra ridículo y derriba perro gigante que quiere jugar.

Sin ese ansiolítico llamado felicidad

la tristeza sería una silla que con sus patas me clava de las extremidades contra la pared.

Sin ese bonito cachorro, extraña esperanza,

hasta las tonalidades pierden fuerza,

pero hoy el día tiene más luz que ayer,

luz que rompe las ventanas y viene a florecer mi piel desnuda

de gigante que puede admirarlo todo desde este cielo,

gigantesca fortuna de alguien demasiado acariciado por el amor de sus padres,

por la nopalera que crece en mí cabeza

y la mascota que traviesa me está brotando del pecho.