El vacío que ocasiona el caos se puede explicar como fuga de información en la realidad, así lo considera Óscar Amalfitano, protagonista de la novela 2666 (2004) de Roberto Bolaño; el narrador llama a esta actitud frente al mundo: “Idea-Juego”. Pienso en el género de la entrevista como parte también de un universo ficcional, con una aparente constatación de coherencia y fidelidad, de estructura y forma. Trato que toda entrevista convierta la experiencia de los otros en la memoria de uno. Convertir el dolor, que es largo y natural y que siempre vence, en memoria particular, que es humana y breve y que siempre se escabulle. Una forma de protección contra el delirio o la locura: adaptarse al otro.

Esta entrevista, es parte de esa Idea-Juego.   

Bruno Grupalli, Buenos Aires (AR), 1984, es un artista sin precedentes: director de videos musicales de bandas de rock como Travesti, Guerra de Almohadas o Él mató a un policía motorizado, y del cortometraje Las Sucias (2009), estrenado en la competencia oficial de cortometrajes argentinos del Festival de Cine Independiente BAFICI 2010.

Bruno Grupalli es egresado de la carrera Diseño de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires –donde se desempeño también como docente en las materias de Diseño Audiovisual y Medios Expresivos–. Fue tallerista en Escritura Creativa del escritor Alberto Laiseca (El jardín de las máquinas parlantes).

Algunas de sus muestras individuales principales han sido: La maldita primavera (Estudio Hospital, 2018), Cabaret social (Moria Galería, 2017) y Exilio y una nueva sensación (Happening en su casa en el barrio porteño de Caballito, Bs As, 2016).En el 2019, realizó una residencia artística para Taller Los Guayabos, espacio independiente dedicado a la investigación, difusión y exhibición de arte contemporáneo en Guadalajara, donde creó parte de la  exposición  Algo me está haciendo (Páramo Galería, 2019).

Dentro de tu trabajo como diseñador de imagen y sonido, has realizado videos de distintas bandas argentinas de rock –como Él mató a un policía motorizado, en colaboración con la productora Mónaco Films y Javier Asplanatti–. ¿Cuál es tu relación con la música Rock, y de dónde provino la historia del afroamericano solitario que llega al extrarradio argentino para bailar breakdance y sembrar el terror a tiros en “Rey del Terror”?

La relación con la música es desde siempre, diría que es mi educación. Empecé desde muy pequeño a ir a conciertos, los peores lugares posibles de la ciudad, pero yo siempre lo tomé como una especie de estudio. Miraba la ropa, los nombres de las bandas que aparecían escritos en las mochilas de los demás y de ahí iba a investigar a ver si conseguía algo en alguna disquería. Con Él Mató fue así también, ellos cuando aparecieron tocaban muy seguido y sus conciertos eran increíbles, además de que surgieron en un momento donde todo estaba confuso en la ciudad. Creo que con ellos fue la última vez que sentí lo que el músico Daniel Melero llama: “estado de rock”. Tuve la suerte de conocerlos y que saliera la idea de hacer algo juntos. La historia la pensamos entre todos y fue mucho de mezclar clichés (el personaje está basado en Simón Phoenix de Demolition man (1993), hacer un videoclip de peleas de bailes, el héroe solitario, todo ese tipo de clichés del cine ochentero). De ahí surgió la idea de pasarlo todo por un VHS una vez editado para que tenga esa materialidad.

El triángulo invertido era un símbolo usado en los Campos de concentración, para contrastar a las diferentes categorías de prisioneros. ¿Cuál es su relación con el video?

La idea que teníamos era mezclar lenguajes de todo tipo, referencias que no tuvieran nada que ver entre sí, que no pertenezcan a los mismos mundos, para de esa manera, quizás, generar un nuevo mundo post todo. Hay muchísimas referencias (como dije: Simon Phoenix, aparece Steven Seagal un segundo, Kiss, la camiseta de un equipo de futbol argentino súper looser llamado Chaco for ever, el martillo y la hoz al final, etc). El triángulo creo que surgió así, poner algo cargado de un sentido en otro lugar y de esa manera generar otra cosa.

“Esto es lo que hacemos: fumamos y miramos morir. Algunos dicen que estamos enfermas”, dice una de las protagonistas de Las Sucias (2009), la fábula de amor, muerte y futuro, unida por la contemplación de dos chicas; cortometraje que dirigiste y que ahora está cumpliendo diez años. ¿Cómo brotó el argumento de este guión?

Yo estudié Diseño de imagen y sonido. Me encanta el cine y en ese momento pensaba en dedicarme a eso. Las sucias fue el único cortometraje que realicé, lo hice en el último año de la carrera. Antes que el argumento, tenía el nombre, quería filmar algo que se llamara así. Me parecía un nombre genial. Así que empecé a darle vueltas a eso, y ahí surgió esta historia entre romántica y post apocalíptica de dos hermanas, un joven y el padre de ellas. La trama era muy absurda, la verdad, hecha de fragmentos de notas que una de ellas leía en voz en off.  En ese momento el corto tuvo buena recepción, se estrenó en el festival de cine de Buenos Aires, y circuló en otros festivales, cosa impensada para mí. Pero también me sirvió para darme cuenta que hacer cine implica trabajar con mucha gente, confrontar muchas opiniones de cada parte del equipo (editor, sonidista, etc) y todo eso me desgastó y me sacó las ganas de filmar. Eso me sirvió para dedicarme más a mis cosas en las artes visuales. Para graficar esto que digo de la gente del cine, de ese corto yo no tengo ninguna copia, (risas) Y además, algunos hicieron circular en internet cortes que no eran el definitivo, sólo para que se vea mejor su trabajo.

Tu trabajo en las artes visuales, mucho tiene que ver con la literatura, porque propone una intimidad: “como leer”. Ensayas constantemente con las escalas (lo geométrico) y el lenguaje (lo gestual)…

Totalmente. Lo que más debo haber hecho en la vida es leer. Me encanta que es una actividad que en algún punto no sirve para nada concreto, es como entregar tiempo al otro lado de las cosas. Es un acto íntimo (siempre leemos solos), que requiere una concentración que nos aleja del mundo físico. Muchas de las cosas que hago empiezan en mi cabeza como una suerte de cuento, hay algo de escritor supongo en eso. En verdad me gustaría ser escritor supongo y por eso intenté hacer cine y derivé a las artes visuales. Seguramente algún día me ponga a escribir algo, pero no entiendo los tiempos aún de la escritura de una novela.

¿Qué artistas mexicanos referentes a tu generación te interesan?

Muchos y variados, pero aún siento que no conozco muchos artistas más jóvenes o de mi edad. Me interesa lo que hacen Daniel Guzmán, Cristian Franco, Edgar Cobián, Emanuel Tova, Javier M. Rodríguez, Gabriel Rico, por decir algunos. Pero todos son algo más grandes que yo.

¿Cuál fue la mayor enseñanza que te legó el Taller de Escritura (2014) con el escritor argentino Alberto Laiseca, y qué es lo que más recuerdas del autor de Matando enanos a garrotazos (1982)?

Debe haber sido una de las personas más excéntricas que conocí en mi vida. Fue genial conocerlo a esa edad, me ayudó a descreer de la idea de que la juventud es el momento en que uno es más radical y loco. Me ayudó también a pensar que todo depende de cómo miremos las cosas, que en nuestra mirada empieza el proceso de hacer algo. Fumaba como condenado a muerte, tenía un humor negro y cínico como pocos, y nos leía cuentos de terror actuando con su voz de una manera increíble. Un verdadero genio.

¿Cuáles son los bordes de ti mismo? (en referente a los ensayos sobre teatro y las artes visuales).

He realizado algunas piezas instalativas que se activan o completan con una situación física y ficcional (en algunas con actrices, performers que conocía en las discotecas o mi persona). Siempre me interesó pensar cómo una escultura o instalación puede convertirse por un momento en una parte de una situación de ficción delante nuestro y luego volver a ser eso, una escultura o instalación. Ese borde me interesa, la ficción como algo que no necesita demasiados elementos. Tengo un recuerdo de mi niñez que últimamente me volvió mucho. Yo crecí en un lugar llamado Wilde, es un lugar pequeño, extraño. Y cuando tendría cuatro años llegó un circo y se instaló en unos terrenos vacíos al lado de una autopista unos días. Fuimos con mi mamá y mis hermanos a ver entonces. Anunciaban que tenían un león (cosa algo extraña ya que el circo se veía pequeño, en mal estado, difícil imaginarse que podían viajar con un león). Cuando llegaba el momento de que saliera el león, un hombre de traje presentaba la situación, nos pedía sumo cuidado por el peligro, etc. Luego de la presentación recuerdo que se armó un silencio, el hombre de traje miraba para un costado y hacía señas con su mano para que el león se acercara y pudiéramos verlo finalmente. Algo ansioso, el hombre comentaba que el león no quería salir. En determinado momento suena un roarrrr de león claramente reproducido desde una bocina de donde en teoría se encontraba el tímido león que no quería salir a escena. Ese sonido de cassete era la prueba de que el león estaba ahí pero no lo veíamos. Al presentador eso le bastaba para demostrar a la gente que había pagado para ver a un león en Wilde, que el animal estaba pero no quería salir. Ficción. Creo que esa situación absurda y austera influyó todo lo que hago.

¿Qué hay del arte de tapa de Guerra de almohadas (2010)?

Creo que no quedó del todo bien. La idea era generar una imagen que fuera elegante y trash a la vez. De ahí surgió una chica vomitando algo dorado. Pero en la foto no se nota bien lo que sucede (risas).

Travesti es una de mis bandas favoritas, ¿cuál fue la idea inicial para el video de “Beduino”?

Hacer ese video fue uno de mis sueños cumplidos, por lo que significa Travesti como banda. La idea inicial era hacer un video en ese género oscuro ochentero, de pocos recursos (a lo DAF o Grauzone) donde se muestra a la banda, alguien bailando y un poco de humo. En ese video tuve el honor de poder mezclar por primera vez a Jackie Ludueña (una de las personas mas hermosas de buenos Aires, que lamentablemente falleció hace unos días) y Flor Vecino (una de las mejores bailarinas de Argentina), una combinación ultra nocturna, merecida para una banda como Travesti.

Algo me está haciendo es una muestra expuesta el 24 de octubre del año pasado en Páramo Galería en Guadalajara, que versa (según la interpretación de Carlos Maldonado) sobre la Paradoja de Zenón (Aquiles y la tortuga), en la que el héroe de Troya debe cubrir infinitos trayectos para alcanzar a una tortuga en una carrera, sin lograrlo del todo (al final, gana la paradoja). La muestra es un ejercicio sobre los enfoques, la visión: no perder de vista las cosas todas que pueden ser rotas a la mitad. ¿Se trata de transgredir el alcance de las formas y su significado emocional por medio del dibujo?

En realidad lo de la paradoja es parte del bello texto de Carlos, yo nunca pensé en eso al hacer la expo, pero me gusta que las interpretaciones posibles de la expo deriven hacia lugares que no tengo idea. La mirada, los estados alterados de la percepción, llevar la forma humana a lugares abstractos, la emoción y psicología catalizada en lo gráfico por el gesto y algunos elementos que se repiten (como la lágrima o el espiral), son cosas que tenía en la cabeza al realizar las piezas.

¿Azúcar, alcohol y carne? (buena combinación).

Esas tres palabras escritas en letras que refieren a bandas Heavy metal y un rostro que nos dice hola, son parte de uno de los dibujos que realicé para la expo. Los dibujos tiene mucho de improvisar, de ver que va saliendo a medida que los hago, mezclar cosas, como una suerte de actividad mental materializada sobre un papel. Esas tres palabras juntas son como todo lo que no hay que hacer para una idea New age, de vivir en el mundo equilibradamente, es jugar con eso supongo.

“Las cadenas que más nos encadenan son las cadenas que hemos roto”, escribió el poeta ítalo-argentino Antonio Porchia en Voces (1943). ¿Qué papel juegan las cadenas en tu obra?

Me interesa pensar en los objetos, en darle vueltas a la interpretación y en dónde y cómo los usamos. La cadena tiene una posible lectura que refiere la bella cita que utilizas para empezar esta pregunta, relacionada a la libertad, a romper cadenas para escapar de algo. También aparece en el estilismo punk, en el cuello de Sid Vicious, en las cadenas que cuelgan de los ropajes de esas personas pasadas de anfetaminas. También aparece en el sadomasoquismo. Me interesa eso de las cadenas. También formalmente, claro. Metal que se une delicadamente, eslabón por eslabón. Es elegante y fuerte a la vez (y muy sexy).

¿Cómo ha sido tu residencia en Guadalajara, en el Taller los Guayabos, qué te inspiró ese lugar: la casona y la ciudad?

Durante la residencia, realicé la mayoría de los dibujos de la expo “Algo me está haciendo”. Me inspiró a volver a encontrarme con el dibujo, iba todos los días caminando hasta Guayabos (como 40 minutos era la distancia que hacía) y cuando llegaba al taller, lo primero que hacía era dibujar, sin pensar mucho. De alguna manera podría ser leído como una suerte de diario de ese momento. El lugar tiene una vista de cielo increíble. Me relajaba mucho estar ahí, dibujando, mirando el cielo y tomando cerveza. Algo cliché lo mío, pero son esos momentos en que uno cobra fuerza en la decisión que en algún momento tomó de dedicarse a hacer arte en un mundo que se está yendo al demonio.

“¿Qué es lo que garantiza un nexo interno entre los elementos de una personalidad? Solamente la unidad responsable. Yo debo responder con mi vida por aquello que he vivido y comprendido en el arte, para que lo que he comprendido no permanezca sin acción en la vida […]. El arte y la vida no son lo mismo, pero deben convertirse en mí en algo unitario, dentro de la unidad de mi responsabilidad”, decia Bajtin (1895–1975), ¿Qué es lo que Bruno Gruppalli ha comprendido hasta este punto con el arte?

A mi la creación artística me llegó por revistas, conciertos y discos (recuerdo cuando descubrí años después que la banana de la Velvet Underground la hizo Warhol o La portada de Dirty, Mike Kelley; cosa que cuando escuchaba sin parar esos discos a los 12, 13 no tenía idea de quienes eran pero sin embargo esas imágenes me impactaban). Esa situación me generaba una sensación de vacío y misterio, un desencanto con la norma y un anhelo de vivir en esas fantasías. El arte me ayuda a eso, puedo depositar cosas en mi actividad artística que de otra manera no podría depositar en ningún lado. Me ayuda a comprender cosas que leo en Bataille, por ejemplo. Me ayuda a intentar comprender el absurdo que es vivir. Ser artista, para mí, es viajar al otro lado, pelear con la contra. Me ayuda a comprender que todo, absolutamente todo, se puede vincular a la primera línea de Cosmos de Witold Gombrowicz: “Voy a contar otra aventura, aún más extraña…”