El canto de las nubes ˈEn el camino blancoˈ es un abrazo que refleja el perfume de una partida, son las manos convertidas en alas, es la boca del artista que no se resiste al silencio y dialoga a través de los colores, de los sonidos, de las ciudades en ruina, de la guardia nocturna; ˈEn el camino blancoˈ las nubes son anchas como la existencia de las puertas, de los ojos, de las miradas, del aire que baja, que se asoma, que gira, que arde con el misticismo de la pregunta. Las nubes son himnos implosivos, se resbalan del presente al pasado, de la cronología prolongada al migratorio sentimiento del recuerdo; así caminan las nubes de Enrique Toussaint, desde la identificación materia hasta el fondo de un sueño abierto. Las nubes son números que cuentan historias del espíritu, llenan de soles mundos reales, acorralan con cantos médicos espirituales cualquier catástrofe reincidente, cualquier duelo de la carne, cualquier asociado viaje.

La respiración del bajo de Enrique Toussaint edifica un puente prometido de comunicación, sujeta desde la tierra un cometa pájaro que se unen con el hilo supervivo de la música. Una a una las nubes forman susurros chamánicos, son danzas inscritas antes de cualquier nacimiento y de cualquier muerte. Nube 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, hasta llegar a la Música en Silencio con Diego Herrera y Alfonso André.

Aquí, las nubes, transfiguraron una historia: una quemadura, un gesto cortado, una furia explicable, unos fastos momentos de creación del alma, de la gemela alma. El Príncipe revela no la despedida, sino el reencuentro, grita en momentos con desesperación que la inmortalidad de la memoria del corazón existe; recuerda, se desplaza, predica, muestra sus dientes, su idealismo, su angustia, su ternura, su agradecimiento. Parece que en El Príncipe existe un conjunto de tallos sonoros sostenido al tiempo. Por momentos se muestra la imposibilidad, la energía cristalizada y se encarna en reflexiones que se estallan sin reclamo en la trascendencia. Enrique Toussaint, las nubes y el silencio van más allá de la música, del conocimiento, de la interpretación, del crisantemo callado, de la heredada lectura. Enrique Toussaint conecta a los vivos con el revestido universo, viaja con sus cuerdas sin miedo ni peligro, predica el respeto, la ofrenda, el fondo, el homenaje.