Llegará una etapa en que mi corazón será más lento

y en manos de mi amada dejará de latir.

Con la estatura disminuida y la espalda encorvada,

habré abandonado mi trabajo del rey de la selva,

con la esperanza de que alguien lo pueda suplir.

En mi camino estiraré la mano para pedir una moneda.

No me importa lo que pienses.

Que la culpa es de mis hijos porque me abandonaron,

que es mía porque me llevó a esto.

Madre, padre, que viven en todo el cielo,

perdónenme la mendicidad,

pero, no quiero ser el de la cuenta en Estados Unidos,

el de carro de lujo,

que para lo único que me gustan (gracias a las películas gringas),

es para estrellarlos,

para ponerlo a girar insecto boca abajo,

yo, mendigo embebido, en mi boca se meten las chispas que produce el accidente.

Madre, padre,

Perdóneme la mendicidad y el lumpenaje,

Pero, a mí me gusta vivir en el arroyo,

Cortejar señoritas.

Que la miseria y el peligro corran por mis venas

y nunca desangrarme por ello.

Con este bastón exijo mi derecho a la mendicidad

con que espanto a los perros que me quieren morder.

Con él sostendré mis oraciones cuando a ti me acerque para pedirte una moneda.

No,

no escondan la caja de cigarros,

nomás quiero uno, otra vez.