Anillo

Afortunadamente el viejo se había ido en silencio, no hubo mar de lágrimas ni una ceremonia ostentosa, si era muy querido en el pueblo, pero salvo un buen vecino y benefactor, Don Andrés no iba a ser recordado precisamente como un padre muy presente en la vida de sus vástagos.

Pidió ser sepultado con el extraño anillo que compró en uno de sus viajes por África, supusieron que al menos merecía que se le cumpliera la última voluntad, después verían como iban a empezar a gastarse hasta el último centavo que les dejó.

Tres días después, cada uno de sus cinco hijos fue perdiendo la cabeza; literalmente, cuando su progenitor emergió de la tumba sediento de sangre y materia gris.

Mirada

Ojalá hubiera entendido que mi forma de amar no era como la de esas otras con las que se había involucrado, que cada una de sus miradas debían ser para mí.

Él iba a abandonarme y a mí siempre me gustaron sus ojos.

Por eso los conservo cuidadosamente en un frasco con los químicos necesarios para que no se descomponga; ya me deshice del resto de su cuerpo.

Saltimbanqui

Era muy simple:

O Pierroth “mataba de risa” al público presente esa noche o el payaso tendría que regresar a su antigua vida de indigencia.

Minutos más tarde, hasta los compañeros de trabajo que lo menospreciaron por su origen humilde, sucumbían ante su número de comedia, el humo y la droga mezclada con este; dibujando en todos los presentes una enorme y última sonrisa.