Ariel Pukacz es un chico argentino de 31 años que tiene poco tiempo radicando en la Ciudad de México. Lo conocí a principios de enero, en un evento de fanzines y fotos de la tienda Venas Rotas Discos, un lugar que funciona para relacionarse con gente que tiene los mismos gustos por el punk y hardcore. La sorpresa que me llevé de este melómano de Buenos Aires, quien tiene tatuado en uno de sus brazos el borreguito que aparece en la portada de Out of step (Dischord Records, 1983), único álbum de estudio de Minor Threat, fue que está al mando de Walden Editora, la misma que llamó mi atención durante la pasada FIL Guadalajara 2019, ya que varios de mis conocidos presumían en sus redes sociales No te debemos nada. Entrevistas escogidas de Punk Planet Magazine. El libro es bastante llamativo: en su portada aparece Kathleen Hanna, líder de Bikini Kill. Y, en sus páginas, como lo dice la misma introducción, “abrió un abanico de posibilidades en el que convivieron la música, la política, la estética y el pensamiento crítico” gracias al trabajo que desempeñó Daniel Sinker de 1994 a 2007, etapa en la que llevó las riendas de esa revista fundada en Chicago.

Semanas después me reuní con Ariel para charlar sobre la llegada de Walden a México. Hablamos de sus inicios haciendo fanzines, periodismo musical, el mundo editorial, sus gustos musicales, entre otras cosas.

¿Quién es Ariel Pukacz? ¿Cómo te surgió la idea de crear una editorial como Walden?

Ariel Pukacz: Cuando tenía como 7 años ya hacía “revistas” con dibujos, con entrevistas. Mi necesidad era crear cosas. Después comencé a hacer fanzines de historietas que fotocopiaba en la oficina de mi padre. Para 2005 tenía 16 años y empecé a indignarme con lo que era el periodismo musical, el periodismo de rock en Buenos Aires. Eso me empujó a hacer un fanzine con las cosas que a mí me interesaban. Hice un primer número de Ganesha con una nota del cierre del CBGB’s, otra sobre Minor Threat, una entrevista a una banda de surf llamada The Tormentos y algunas reseñas de discos. Lo fotocopié y fui a dejarlo a disquerías: en la de Patricia Pietrafesa [She Devils y Kumbia Queers] y en la de Nekro [Fun People y Boom Boom Kid]. Al regresar los fanzines se habían vendido. Empecé a hacer más números y me animé a entrevistar bandas de otros países. Me di cuenta que me gustaba hacer eso.

¿Te inclinaste a estudiar periodismo o todo siguió siendo de forma autodidacta?

Sí, estudié periodismo. Una cosa fue llevándome a otra. Comencé a trabajar como periodista en distintos medios, pero para 2013 creé Walden como un sitio Web.

Algo llamativo de Argentina es la cultura del fanzine. Walden parte de estas autopublicaciones.

Lo llamativo es que hay de diferentes temas. Me acuerdo mucho de uno hecho por skinheads S.H.A.R.P. que hablaba de futbol, sobre equipos del ascenso. Hasta la fecha hay de todo tipo: ilustración, política, anarquismo… La idea es no esperar a que alguien te diga: “Lo tuyo es bueno, voy a publicarlo”. La actitud es hacerlo.

¿Cómo pasaste de hacer fanzines a formar una editorial?

Empecé con fanzines fotocopiados, después con un blog digital y regresé al papel. Mi plan siempre había sido tener una editorial, y cuando Walden tomó forma, un amigo que había estado involucrado en el documental Salad days: A decade of punk in Washington D.C., en febrero 2017 me dijo que su director, Scott Crawford acababa de sacar en Estados Unidos Spoke: Images and stories from the 1980’s Washington D.C. Me preguntó si conocía alguna editorial que le interesara traducirlo. Con Walden nos volcamos en el proyecto. Ese libro me importaba tanto que decidí sacarme el miedo y animarme a hacerlo.

Walden sostiene un enfoque distinto dentro del periodismo musical, también del mundo editorial. Son muy valientes sus publicaciones en español, ya que para muchos son escenas musicales poco conocidas, artistas y referentes del underground.

El catálogo de la editorial son libros que me gustan a mí comprar. Si me hubieran ofrecido un libro de los Sex Pistols, se lo hubiera pasado a alguien más. Tengo muy claro lo que me interesa publicar con Walden.

¿Dentro del catálogo de Walden podremos encontrar periodistas musicales más contemporáneos?

Por ahora Walden sólo hace traducciones, no hemos estado generando contenido original. Pero hay un colega, Federico Penna que oye mucha música africana. Él hará un libro para la editorial donde la política converge con la música, desde la historia de Fela Kuti. También tendrá un capítulo de músicos del punk o rock vinculados al activismo político, desde un lugar institucional; como Jello Biafra cuando se postuló para la alcaldía de San Francisco, California. Ese será el primer libro de contenido original.

Viendo las publicaciones de Walden, está bastante claro que tus influencias vienen de la escena punk y hardcore de Washington D.C.

Cuando tenía 13 años y acababa de entrar al secundario, todos con quienes me juntaba tomaban alcohol y fumaban mariguana; yo no. Un amigo me dijo que tenía que escuchar a Minor Threat. Ya conocía a Misfits y Dead Kennedys; pero Minor Threat musicalmente me impresionó mucho. Sus letras también.

¿Te convertiste en straight edge como muchos adolescentes que crecieron oyendo hardcore?

No. Cuando vi lo que era la escena straight edge no me gustó nada. Al poquito tiempo salió en un suplemento de Buenos Aires una entrevista a Ian MacKaye y Guy Picciotto, sin saber que estaban relacionados con la escena de Washington… La leí y dije: “Quiero esto para mi vida”. Así me enteré que Ian MacKaye había formado parte de Minor Threar, creó el movimiento straight edge y Dischord Records. Desde aquel 2002 se me quedó como el modo más sincero para hacer las cosas. Ian MacKaye jamás pretendió hacer un movimiento. La canción que abre la discografía de Minor Threat se llama “Filler” y es en contra de la religión. “Straight edge” se convirtió en una especie de religión. Para mí el straight edge, como el punk siempre se han tratado de pensar con voluntad propia.

Eso viene por querer conocer la raíz de la música, por querer escribir y publicar libros relacionados a la música que nos forja como personas.

Sí, a veces nos gusta más leer o escribir de música, que escucharla. Al escribir se convierte en un espacio de reflexión, donde se vuelcan ideas. Y al leer también, porque uno incorpora elementos. Me gusta escuchar música, pero también me importa entender de dónde viene, ya sea leyendo una entrevista, una biografía, un ensayo. Es una forma hermosa para entender lo que uno consume.

¿Walden podría denominarse como un proyecto editorial influenciado por el Do it yourself? ¿Mantienes una ética de trabajo para la editorial?

Iniciamos como un sitio Web por falta de recursos. Siempre quise hacerla en papel, como revista, pero no se podía. Cuando editamos en español Spoke… surgió la posibilidad de comenzar a imprimir libros. El dinero recuperado se invertía en otras publicaciones. Así ha girado la rueda de Walden, siempre desde un costado autogestionado; no hay otra forma para hacerlo. En Walden sólo estoy yo y regularmente hago coediciones con otras editoriales. Es el modo más sencillo de amortizar gastos. Dos cabezas piensan más que una.

Es de admirar que proyectos como Walden salgan a la luz. De Argentina siempre salen libros y ediciones interesantes,  aun cuando los costos son altos y todo tiende a complicarse.

Es bastante complicado. Las editoriales siempre compiten contra la alza del dólar, ya sea en el papel, la compra de derechos, etcétera. La moneda argentina hace que siempre se estén actualizando los precios. Eso es un problema.

Por eso el trabajo de Walden es llamativo, ya que gusta por apostar a las cosas poco convencionales en el mundo editorial hispano.

Con Walden a veces pienso que es algo comercialmente suicida, pero si hago lo que siguen haciendo todos no se podrán generar nuevos lectores. La editorial refleja mis intereses. Creo que siempre será un proyecto suicida. Lo importante es que cinco personas descubran algo increíble. Yo editó para los que ya saben y para los curiosos.

¿Tú llegada a México se da para llegar a más público así?

Me gusta mucho la Ciudad de México. Es un lugar con un montón de cultura. Tiene una ubicación mucho mejor que Argentina para vender y distribuir libros. Como trabajo con autores estadounidenses hay un punto de cercanía. Mi perspectiva es que acá también hay un montón de editoriales, librerías y la moneda es más estable para un proyecto editorial. El mantener el habla hispana con amigos también suma, es un sostén emocional.

Por último, ¿cuáles son los planes de Walden para este 2020?

El futuro siempre lo veo incierto. Me gustaría que la editorial funcionará entre Buenos Aires y Ciudad de México. Lo que se viene es un libro sobre el álbum Kid A, de Radiohead, en la colección 33 1⁄3. También otro libro de Jim Saah, que cubre su obra de 1983 a 2003, con bandas como Fugazi, Void, Hüsker Dü, Wilco, los primeros shows de Foo Fighters… también tendrá entrevistas con Ian MacKaye, Raymond Pettibon. Editaremos varios títulos.