Si nos quedamos con la respuesta “mesurada” y hasta razonable del presidente Trump al ataque con misiles a dos bases iraquíes, como represalia a la muerte de Qassem Suleimani, podríamos pensar que el conflicto entre Estados Unidos e Irán, bajó ya de intensidad.

Desgraciadamente pensarlo, sería un error.

En realidad el conflicto tendrá otras formas de expresión por parte de cada uno de los bandos.

En el caso de Estados Unidos, con el apoyo de Israel, su principal aliado en Medio Oriente, seguirá insistiendo para que el acuerdo nuclear de 2015 firmado por Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania sea anulado. Y para ello va a seguir intensificando su presión económica contra el régimen del ayatola  Ali Khamenei, con la esperanza de que las penurias del pueblo, provoquen una rebelión.

Ya lo dijo el Trump, mientras él sea presidente no permitirá que Irán tenga una bomba nuclear y no lo permitirá porque eso alteraría completamente el equilibrio de poder en la región y pondría en grave riesgo la seguridad del Israel.

La estrategia de las sanciones sin embargo, no ha dado muchos resultados, se ha utilizado por más de 50 años sin éxito contra Cuba, y más recientemente contra Venezuela e Irán y los regímenes no han caído y por el contrario, han generado grandes sentimientos antinorteamericanos, pero ese es otro tema…

Un conflicto ‘mesurado’

Tras el lanzamiento de los misiles, el presidente Trump respondió que todo estaba bien, que se habían producido daños en las estructuras, pero que no había muertos ni entre sus tropas ni entre las tropas iraquíes, y por lo tanto, la respuesta se limitaría a fortalecer las sanciones económicas.

Aunque el argumento de que Trump había lanzado el ataque contra el comandante Suleimani, debido a que tenían información de inteligencia de que era inminente un ataque contra cuatro embajadas de Estados Unidos en la región, se ha desvanecido, por lo menos ayudó a la administración Trump a levantar una cortina de humo en medio de su juicio de destitución iniciado por los legisladores demócratas.

Por el lado iraní, la respuesta también fue “meditada”. Antes de lanzar los misiles, le notificó al gobierno de Irak, y éstos, le avisaron a Estados Unidos, de la inminencia del ataque, por lo que tuvieron todo el tiempo del mundo para tomar medidas y proteger al personal militar, para que no hubiese bajas.

La “tibieza” de la respuesta iraní también contrasta rotundamente con la imagen que se nos ha vendido de ese régimen.

En realidad, ante la certeza de que no pueden enfrentarse militarmente a Estados Unidos, lanzaron un ataque militar, para ‘salvar la cara’ y calmar los ánimos de millones de personas que durante los funerales de Suleimani clamaron venganza.

Para el régimen era importante hacer esa demostración de fuerza ante Estados Unidos, ya que los legitima ante las fuerzas más radicalizadas de ese país.

Desde luego que eso no será suficiente y habrá numerosas presiones de parte de las milicias apoyadas directamente  por Irán para atacar a Estados Unidos y a sus aliados en diferentes frentes del mundo. Y ahí es donde radica el verdadero peligro para la paz y la economía mundial.

Las fuerzas de inteligencia de los principales países del mundo tienen bien identificadas las grandes redes de “terroristas”. Saben de la presencia de Hezbolá de Hamás y otras organizaciones en países como Libia, Siria, Yemen, Palestina, etcétera.

Pero saben también muy bien que existen numerosas células que actúan casi de manera independiente y los llamados “lobos solitarios”, que se radicalizan en silencio, y que de repente pueden actuar generando enormes daños, como la masacre ocurrida en San Bernardino, California en 2015, cuando Syed Rizwan Farook, de 28 años, norteamericano de origen paquistaní y su novia Tashfeen Malik, de 27, dieron muerte a 14 personas.

Los países de Europa occidental con grandes poblaciones musulmanas, tendrán que fortalecer su seguridad para tratar de impedir atentados como los que han sufrido en Francia, Inglaterra, Alemania, Turquía y España, por citar sólo algunos ejemplos.

El factor económico

Aunque Estados Unidos no depende ya del petróleo del medio oriente, porque tiene una producción que rebasa los 6 millones de barriles diarios y cuenta con fuentes alternas de energía como la solar y eólica, el conflicto podría llevar al planeta entero a una recesión.

Y es que las milicias pro iraníes del medio oriente tienen la capacidad de fuego para amenazar el Estrecho de Ormuz en pleno golfo Pérsico, que en su sitio más estrecho, apenas tiene 33 kilómetros de ancho.

Ormuz es uno de los pasos marítimos más importantes y estratégicos del mundo, ya que conecta a los productores de petróleo de Medio Oriente con los mercados clave en Asia Pacífico, Europa, América del Norte. Se calcula que por ese sitio transita al menos el 20 por ciento del petróleo mundial, es decir, unos 19 millones de barriles de petróleo diario.

Aunque Irán ha amenazado con bloquear el paso de los barcos petroleros a través de Ormuz, algo que podría hacer usando minas, submarinos, misiles y lanchas rápidas de ataque, lo cierto es que no lo va a hacer porque se echaría encima a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Arabia Saudita, Irán, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, así como a Qatar, el mayor productor mundial de gas licuado.

Pero quienes sí podrían hacerlo serían células autónomas radicalizadas por el asesinato del Suleimani.

Y no es que tengan necesidad de hundir un barco petrolero. Lo único que tienen que hacer es disparar contra ellos para provocar que los barcos den la vuelta y regresen al puerto desde donde partieron.

Y tendrían que quedarse ahí en esos puertos porque las compañías de seguro no protegerían a los barcos ante posibles ataques en el Estrecho de Ormuz.

Y eso provocaría sin duda la movilización de las flotas militares de Estados Unidos y otros países occidentales que verían dañados sus intereses.

En el panorama no hay buenos indicios de que esto va a terminar ahí. Esperemos que la cordura siga imponiéndose, porque de lo contrario no sólo vamos a ver operaciones militares de gran envergadura, sino también veremos llegar una poderosa recesión económica, que por cierto, ya estaba anunciada.