El segundo que separa el 31 de diciembre del primero de enero produce tanto: abrazos, atragantamiento con uvas, balazos al aire que se confunden con fuegos artificiales, la mayor ingesta de sidra en determinado momento, el mensaje de aquel que hace tanto no hablaba y la llamada de aquella con la que hace meses sucedió un último beso.

Pero también produce algo más ideológico, más colectivo, más mediático: la renovación, que resulta riesgosa cuando se vuelve irracional y hace pensar que lo sucedido durante los pasados 365 días ya no es tan importante como para traerlo al presente.

Por eso esta lista hace un recuento de ocho aspectos musicales que sucedieron en 2019 con el fin de mantenerlos actuales: lo que aquí se menciona continúa labrándose, desarrollándose, influyendo en gente y procesos del presente; debe eximirse del llamado “borrón y cuenta nueva”.

Hacer fogatas con baterías  

Los minutos se volvieron horas y las horas se volvieron furia. Después, todo se quemó.

Lo anterior es un resumen de lo que sucedido en la primera edición del Knotfest el pasado 30 de noviembre.

Live Talent, la productora a cargo del festival, hizo todo mal y después se ausento de la culpa: señaló al público como responsable; y sí, un sector del público hizo su parte siendo presa de la molestia y desbaratando la batería de Evanescence, pero la empresa también falló al no tener optimas medidas de seguridad y manejar una distribución desorganizada, pues muchos testimonios de asistentes coincidieron en que las enormes filas para entrar, las raciones escasas de cerveza y los espacios infames que les dieron a los que no compraron boletos preferentes, motivaron el revoltijo.

Sería ideal que este suceso sentara un precedente para exigir mejor atención y medidas de seguridad a  los festivales que suceden en el país (¡que ya paren a esos lacras que sacan teléfonos en pleno encoré!), porque ¿cuántos habrán denunciado al Knot ante la Profeco?

 ¡Hagan valer sus centavos (porque en estos eventos los vasos grandes salen muy caros)!

En todos los metros de la CDMX hay fotos de J Balvin

Está en la Línea Azul, la Naranja y todas las que salen de Pantitlán: es un cartel hecho por Spotify donde se representa el crecimiento de J Balvin en su plataforma durante los últimos años; de ser minúsculamente escuchado al principio de la década, ahora son tantos los clicks que produce el colombiano que su imagen  rebasa la propaganda.

Esta publicidad es una analogía de cómo las Nenas Fichú salieron de los arrabales periféricos – que frecuentaban en la primera década del siglo XXI – para echarse Otro Trago y evitar sentir la Tusa en los recintos con luz neón de las colonias que tienen más boutiques que tortillerías.

En el 2010 nadie pensaba que eso que sonaba en El Kaoz o cualquier otro bar de Ecatepec haría bailar a la más fan de Tame Impala. Pero el rayo-de-la-Apropiación-cultural actuó y ahora hay escuchas de Carcass que la pasan muy bien en Rico o en La Purísima cuando ponen La Canción.

Pero, ¿qué sigue para el reguetón? ¿La constante incursión de artistas de otros sonidos en el género urbano – con el fin de revivir sus carreras – lo terminará sepultando, pues se ramificará hasta volverse parte de un todo muy homogéneo? ¿O aún le quedan novedades por suceder? Lo que sí está claro: cuando Aleks Syntek haga algo con Ozuna hay que mandar a hacer la lápida.

AT&T (Artistas Trans yendo Tremendamente)

La red AT&T aún no cubre todo el país pero poco a poco comienza a abrirse paso en las escenas musicales alternativas que pocas veces se habían cuestionado su apertura física – tocadas caseras, foros y festivales – y temática – canciones y medios de comunicación – a las cuestiones de género e identidad sexual.

Zemmoa, La Bruja de Texcoco, Manitas Nerviosas, Luisa Almaguer y Ariel y su venadito son, son algunas artistas trans que pugnan por equidad y reconocimiento en un contexto muy disparejo, para muestra el análisis que realizó el portal Slang a 32 festivales mexicanos que sucedieron en 2019, donde resultó quela mitad tuvomás de 75% de participación masculina.

Por eso es cuestión de interés el desarrollo de estas exponentes que en 2019 mostraron que van tremendamente: ya sea de forma consciente o inconsciente, sus expresiones sonoras están dotadas de un discurso que confronta el status quo de quién-hace-lo-que-suena.

Ellas reclaman su lugar

Las mujeres se cansaron de quedarse calladas y quietas; en 2019 irrumpieron con ruido y furia contra la violencia e injusticias que les suceden día con día.

Su fuego – que se transfiguró en protestas efusivas – no fue ajeno a lo musical, pues hubo temas que se volvieron himnos (El violador eres tú) y crecieron las exponentes que realizan acciones y vociferan mensajes que rompen paradigmas.

En México, proyectos como Musas Sonideras, Leticía Servín, Masta Quba & MarieV, Introtyl e Hibridas y Quimeras tomaron consciencia de su poder frente al micrófono y dejaron algo más que melodías en sus escuchas: una chispa de empoderamiento que ya no se puede apagar.

Mon Laferte es más punk que tu mohawk  

El 14 de noviembre de 2019, Mon Laferte protestó en la gala de los Latin Grammy con una pinta en sus senos: “En Chile torturan, violan y matan”. Y todo mundo tuvo una opinión.

Los comentarios más desafortunados fueron los que privilegiaron el físico sobre el motivo que expuso la chilena: inconformidad ante la represión violenta que el presidente de su patria, Sebastián Piñera, estaba – y está – ejerciendo contra miles de manifestantes.

 “Que asco!!!! (SIC) La droga los dejara así?”, “Mejor lo hubiera escrito es su espalda”, “Si desnudarse es protesta: La pornografia es una protesta”, “Yo quiero ver las tetas no la prosteta” (SIC), fueron algunos comentarios -algunos en tono de burla y otros de verdad indignados – emitidos en las redes donde se propagó el suceso.

Pero a esos apóstoles de la moral y jueces de certámenes de belleza se les olvidó que el cuerpo es un recurso expresivo; bien lo dice Tova Benski: No se puede participar en una marcha o manifestación y dejar el cuerpo en casa”. La chilena reconoció después que poco le importaron las críticas: al final, la polémica logró que su mensaje sobre Chile se amplificara.

Además, destaca que Mon, una artista tachada de ‘melosa’, tomó una postura política en tiempos donde casi todos prefieren seguir ajenos a su entorno para seguir cantando sobre ensoñaciones espaciales o sobre cómo la chica que pretenden no les hace caso. Laferte fue más punk que el tipo que se hace la mohawk y acaba bien pedo afuera del tianguis del Chopo.

La Chona en Coachella

Esto no es un simulacro, es cien por ciento real. Qué la patrona Santa Cecilia nos agarre confesados porque hoy están aquí, en este escenario, el grupo que le cambió el rumbo a la música norteña”, fue el audio introductorio que presentó a Los Tucanes de Tijuana en el Festival de Música y Artes de Coachella Valley 2019.

Luego, cuando se empezó a contar la historia de una famosa persona, miles se pusieron a bailar mientras cientos grababan con sus celulares. Era un momento histórico: la Chona, esa canción que ha sonado en fiestas patronales y en bares de Polanco, llegó el 12 y 19 de abril a uno de los festivales más importantes a nivel mundial.

Los Tucanes pusieron sus sombreros en todo lo alto, demostrando que el género ranchero-norteño (o agropecuario, para los que lo menosprecian) tiene calidad, calidez y cantidades inconmensurables de fans.

Es el momento para que estos sonidos que forman parte de la idiosincrasia nacional dejen de ser blanco de críticas clasistas y prejuiciosas, y se valore justamente su aporte cultural, pues hasta en niño Dios baila los hits de la Dinastía Mendoza.

El tipo que usa de perfil una foto de Rugal VS Ed Maverick

Un tipo con una foto de Rugal, un tipo con una foto de un Mustang 77 (que no es de él), una tipa con una foto de Naruto, un tipo con una foto de Hulk Hogan y un tipo con una foto donde sale abrazando a dos edecanes.

¿Qué tienen todos ellos en común? Qué durante meses se la pasaron acosando en redes sociales al cantante Ed Maverick.

La aldea digital ha privilegiado el surgimiento de los troles que se escudan en perfiles falsos o cubren su identidad con el avatar de su caricatura favorita – porque hay que aceptarlo: la mayoría son poco agraciados, lo que hace irónicos sus comentarios donde se mofan de las características físicas de otras personas –  para joder al prójimo por cualquier cosa.

Pero hasta antes del caso del cantante originario de Chihuahua, la comunidad artística ‘subterránea’ no había puesto atención en lo dañino que puede resultar la colectividad de estos hijos de LaJaula.net.

Es cierto que erradicar este tipo de prácticas es casi imposible, pues la vastedad de ideas y los precios bajos que maneja Lenovo permiten que haya gente empecinada en recordarle a Faitelson que hace muchos años recibió un golpe de Cuauhtémoc Blanco, pero no es descabellado pensar en el surgimiento de alguna especie de autodefensa; tanta gente spam provocará su antítesis: los WALL-E digitales.  

La droga también destruye escenarios

El 11 de diciembre de 2006 comenzó un suceso que aún afecta – y no se le ve fin – las dinámicas políticas, sociales y culturales de todo el país: la guerra contra el narcotráfico. La violencia y el temor surgieron de inmediato en los estados donde se desplegaron los primeros batallones: Michoacán, Tamaulipas, Chihuahua y Jalisco.

Los capitalinos, al no ver a decenas de soldados desplegados en las calles, por mucho tiempo nos sentimos ajenos – aunque no poco preocupados – ante las balaceras y las bolsas con cuerpos desmembrados.

Pero al ser un fenómeno alimentado de un tejido social descompuesto, la violencia escaló; en el corazón – con marcapasos – del país comenzaron a surgir las noticias de una Unión que pugnaba por controlar el mercado de estupefacientes. Y llegaron las balas, la sangre y el miedo.

Primero sucedió en el Centro Histórico: algunas chelerías de Regina,  Madero, Eje Central y Garibaldi resintieron – y resienten – el cobro de piso y las amenazas de los grupos delictivos.

Luego, el temor llegó a zonas que otrora parecían mejor custodiadas: la Roma, Polanco y la Condesa se volvieron las presas más lucrativas de estos tipos que tienen en la impunidad a su mejor aliada.

La última víctima fue el recinto Caradura, que pasó 9 años en la Condesa ofreciendo una cartelera musical ecléctica y en varias ocasiones memorable: “Lamentablemente la situación de seguridad actual en la zona no nos permite seguir operando de una manera en que podamos asegurar el bienestar de todos los que formamos parte de esta familia, por lo que nos vemos en la dolorosa necesidad de cerrar puertas indefinidamente”, fue el mensaje que colgó el foro en todas sus redes sociales el pasado 31 de diciembre.

Ojalá Caradura no descanse en paz, sino todo lo contrario: que su cierre abra el debate y la protesta sobre como la droga y su guerra también están destruyendo escenarios.