En la actualidad, el mundo goza de pocos consensos generales respecto a cualquier cosa, pero si algo estaba claro es que Toy Story 3 fue, para la mayoría, un cierre integral y digno para una de las franquicias más entrañables en la historia de Hollywood. Con la dirección de Lee Unkrich, la tercera entrega tuvo tal aceptación del público y la crítica, que terminó por colarse a las nominadas como “mejor película”,  convirtiéndose en la primera cinta animada que lo logra.  

Por eso, cuando a mediados de 2014 se reveló que habría una cuarta parte, las respuestas de malestar e incertidumbre resultaron obvias; sin embargo, antes de evaluar los efectos colaterales que podría acarrear una secuela no pedida, es necesario recordar los lapsos de tiempo entre una y otra y la intención que esto conlleva: acercarse a nuevas generaciones.

Hoy, con Toy Story 4  en cartelera desde hace varias semanas, podemos decir que –para bien y para mal- Pixar nos dio el relato más accidentado en el universo de estos juguetes. De entrada, habría que aclarar que funciona más como un spin-off de Woody que como una continuación absoluta de la vida de todos como conjunto. La forma en que se monopoliza el cuestionamiento existencial del vaquero le resta peso a las acciones del resto, al grado de volverles irrelevantes durante varios momentos de la trama. 

Después de casi 25 años, el argumento del juguete perdido y otros gags clásicos de la saga empiezan a sentirse gastados; pero la situación consigue solventarse gracias a un humor poco visto en las películas Disney-Pixar, ese que intenta romper la cuarta pared, hace parodia de sí mismo y elabora versiones infantiles de los sketches de Saturday Night Live.

Técnicamente, la construcción –como de costumbre– es impecable. Si desde COCO el nivel de detalle era impresionante, en Toy Story 4, la confección  de elementos como las corrientes de agua, texturas en ropa/objetos y la gesticulación de los personajes gozan de una fluidez que revalida las capacidades de sus creadores en términos de animación. Aún con eso en consideración, la verdadera evolución visual se palpa en el manejo de la luz. Los contrastes presentan una coordinación más natural a partir de los efectos del día y la noche, lo que acentúa las curvas emotivas de la cinta.

Su propuesta cinematográfica no demerita. Al tratarse de una aventura en espacios abiertos, la selección de planos se ve enriquecida por un dinamismo que agiliza el desarrollo a pesar de todas las ramas argumentales que se trazan.

Al paso de la película, la existencia de una cuarta parte cobra sentido. Sería ingenuo pensar que contenidos como este sólo entretienen sin sentar referencias morales y éticas para sus espectadores, sobre todo si nos referimos a un público infantil. De hecho, el gran acierto de Toy Story al paso de los años ha sido nunca menospreciar el intelecto de los niños y niñas que se involucran en el mundo de estos juguetes.

En nueve años desde la tercera entrega, el mundo ha pasado por mucho y Disney no podía hacer caso omiso. En plena discusión sobre el papel de las mujeres en el ámbito laboral, Toy Story 4 pone a sus personajes femeninos como líderes de casi todos los espacios sin que exista una réplica áspera de los personajes masculinos. Por otro lado, el origen de Forky es una apología directa al reciclaje y la segunda vida que los objetos pueden adquirir. Para esta ocasión no hay Syd, no hay Al ni Lozzo. En su lugar, hay un caracter de matices que demuestra la maldad y la bondad que puede existir en cada una de las personas, como se expone con Gaby Gaby, la interpretación que da Buzz sobre su conciencia y en última instancia, algo mucho más profundo: ¿cuál es el sentido de nuestra existencia?  La conversación que Woody mantiene con la cuchara favorita de Bonnie es, en realidad, un monólogo recurrente de las personas cuando los ciclos están por cerrarse.

Si hablamos de la construcción de arcos de personaje, Toy Story 3 culminó la infancia de Andy pero no dio fin a los juguetes como objeto. La secuencia de los juguetes en el incinerador de basura fue, para muchos niños y niñas, su primer acercamiento con la muerte. Toy Story 4 nos sitúa frente a algo igual de abrumador: el futuro y lo que tenemos que sacrificar para adaptarnos a el.

Más allá del foco mediático que ha tenido la película, cuesta pensar que pasará a la historia con estatus de clásico instantáneo del mismo modo que sus predecesoras, lo que sirve como tabulador de la evolución que han tenidos sus creadores y por supuesto, el público cautivo de la historia.

Los nuevos personajes secundarios revitalizan el universo Toy Story y a nadie debería sorprenderle si en un par de años se coquetea con la posibilidad de estirar la franquicia. En todo caso -para su propio prestigio- lo más sano sería aprovechar a esos personajes frescos y dejar que Woody, Buzz, Jessy y compañía se vayan en paz.

Decir ‘’adiós’’ es crecer.